Acerca de la etimología de la palabra Sonora, no están conformes las relaciones consultadas. Afirman unas que viene de la voz Señora, y que mudada la ñ en n quedó Senora, para convertirse después en Sonora; otras aseguran que se deriva de la mucha riqueza de la tierra.

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Un escrito anónimo, de un religioso jesuita, asienta que: «el nombre de Sonora, según la opinión de los indios viejísimos que aún viven (Julio de 1730), le viene de un ojo de agua cenagoso que está a media legua del pueblo de Guepaca, y parece el medio de la provincia; en este ojo de agua había antiguamente una numerosa ranchería de indios que usaban hacer sus casitas de las cañas y hojas de maíz; a estas llaman en su lengua Sonot en el recto, y en el oblicuo Sonota; oyeron los primeros españoles el vocablo, y no pareciendo bien Sonota pronunciaron Sonora, de donde cogió toda la Provincia el sonoro y armonioso nombre.» Aún pudieran añadirse otras opiniones.

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La provincia de Sonora propiamente dicha, no ocupaba la misma superficie que el Estado actual; se extendía solo desde el río Gila hasta el Yaqui, quedando fuera de su demarcación el terreno que se extiende hasta el río del Fuerte. Confinaba, pues, la Sonora con el río Gita al Norte; al Este con la Sierra Madre y los tarahumares; al Este y al Sur con la provincia de Ostimuri; y al Oeste con el mar de Cortés, apellidado también mar Rojo, mar Pímico, golfo de California, mar Rubro.

El río Yaqui o Yaquimi, límite de la provincia al Sur, es el mayor de la comarca; nace en Tamitzopa, pueblo despoblado de la misión de Baserac; en Guasavas toma la denominación de Grande, y no se le dice Yaqui hasta pasar el pueblo de Buenavista y atravesar las poblaciones de los yaquis; los jesuitas le apellidaron río del Espíritu Santo.

Esta era la antigua provincia; el Estado actual de Sonora se extiende hasta el río del Fuerte, que lo divide   -338-   al Sur del Estado de Sinaloa. Ese terreno, intermedio entre ambos ríos, llevaba el nombre, en tiempo de la dominación española, de la provincia de Ostimuri.

El río de Oposura, hasta incorporarse en el Yaqui, era la línea divisoria con la Sonora, aunque no en toda su longitud, pues propiamente comenzaba a este rumbo el Ostimuri en los pueblos de Nacori y Pónida, confinando en Onapa con la provincia de Chinipas: sus otros límites eran al Norte el Yaqui, al Este Chihuahua, al Sur el río del Fuerte, y al Oriente el mar de California. Riega aquel terreno el río Mayo, que nace en la Sierra de los tubares.

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Las lenguas de Sonora son, el ópata, el eudeva, el jova, el pima, y sus dialectos el pápago, el sobaipuri, el yema y el cajuenche, el séri, y sus dialectos el guaima y el upanguaima, el cahita y sus dialectos el mayo y el yaqui, y por último, el apache; lenguas perdidas el vayema, el putima, el baturoque, el teparantana, el tepahue y el macoyahui.

Ópata

La lengua ópata, llamada también ure, ore, tegüima, sonora, es una de las principales ramas de la familia ópata-tarahumar-pima.

Los ópatas confinan al Norte con los pimas y con los apaches; al Este con la Tarahumara; al Sur con la Pimeria baja, y al Oeste con los pimas y con los séris. Los ancianos de la tribu conservaban la tradición del paso de los aztecas por sus tierras durante su peregrinación, y aseguraban «que cansadas muchas familias de tan dilatado viaje, se quedaron en este ojo de agua (de Sonora) y comenzaron a poblar sus llanos y cañadas y vegas del río; y de estas familias se formó la numerosísima nación ópata, conservando hasta hoy en su idioma muchas voces de la lengua mexicana y también sus supersticiones.»

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«De aquí tuvo entre ellos origen un error oculto a los primeros misioneros y descubierto en estos años por algunos padres peritísimos en la lengua ópata, este era, que estaban persuadidos de que su primer principio, no solamente en cuanto a su población en esas tierras, sino en cuanto al ser y existencia, era Moctezuma332, y así le llamaban en su lengua tamo mota, que quiere decir nuestro primer principio.»

Las costumbres de los ópatas tenían puntos de semejanza con las de las otras naciones; por lo mismo, lo que vamos a decir les toca en común, reservando para cada una lo que peculiarmente le corresponda. No reconocían   -339-   dioses, ni tenían ídolos, ni altares, ni culto; algunos ancianos que unían el oficio de curanderos al de doctores y de mágicos, eran los que enseñaban ciertas doctrinas, las supersticiones para domeñar a los elementos y obligar a la naturaleza que les diera los bienes que habían menester; basado su oficio sobre la superchería, la especie de sacerdocio que ejercían tenía más bien por objeto el provecho particular, sacado por medio del terror, que el enseñamiento de la moral y de los preceptos de la virtud.

Los ópatas creían que las almas de los muertos iban a una espaciosa laguna, en cuya orilla septentrional estaba sentado un enano nombrado Butzu Uri: este las recibía y en multitud las colocaba en una canoa para remitirlas a la banda del Sur, a una vieja de apellido Vatecom hoatzíqui, quien las tomaba una especie de residencia; a las que encontraba pintadas las arrojaba al lago, y se tragaba las blancas, que iban a gozar al vientre de cierta bienaventuranza. Por esto los hombres pequeños y contrahechos gozaban en aquella tribu de todo respeto y admiración, admitiéndoles los ópatas en sus casas y proporcionándoles los mejores mantenimientos. Recuerda esta creencia la fábula de la laguna Estigia.

Tienen muchos agüeros: si un viento fuerte se levanta, piensan que vienen los apaches; se figura el mordido de víbora que debía morir de rayo, y para no ser picado otra vez, arroja todo lo que lleva, y al cabo de año se echa una olla de agua de la cabeza a los pies; llamaban a las nubes para obtener lluvia por medio de un baile durante la noche, ejecutado por niñas vestidas de blanco o en camisa; tomaban un género de langosta llamada hupitni, agarrada por la cabeza, y le interrogaban por dónde venían los enemigos, y admitían por respuesta que el animal alzara alguna pata, teniendo por seguro que los apaches vendrían en la dirección señalada; durante la tempestad, cuando más retumba el trueno, ellos se ponían regocijados saltando de placer; herido de rayo un indio, vivo ni muerto volvía a su casa; si vivo, en el lugar de la catástrofe le dejan y allí le llevan sus alimentos; si muerto, abandonan tres días al cadáver para que resucite, pues el alma, que anda espantada con el trueno, podrá volverse a introducir en el cuerpo, enterrándolo después de cumplido el término; ponen a la puerta de sus casas un carrizo u otate parados para impedir siga cayendo granizo; a las orillas de los caminos había grandes montones de piedras, encima de las cuales los caminantes arrojaban palos, ramas y otras cosas para dejar con ellas el cansancio; tal vez esos montones cubren el cadáver de alguno muerto de frío, y para calentarle le arrojan encima aquellos objetos.

No usaban tanto el embriagarse como otras naciones: formaban sus bebidas del maíz, del mezcal, de la tuna y del saúco, cuyo efecto duraba por varios días. Les eran sí comunes las reuniones nocturnas de las demás tribus,   -340-   en que los hombres pasan la noche, bebiendo, bailando, y escuchando las prolongadas declamaciones de sus capitanes, en que a grandes gritos se dicen denuestos contra los enemigos, y se loa el valor de los guerreros allí reunidos.

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Los matrimonios se practicaban de una manera singular. Puestos en dos hileras los y las jóvenes que se iban a desposar, en presencia de toda la tribu, a una señal echaban a huir las mujeres; a cierto tiempo después, a otra señal, partían también a la carrera los hombres, empezando una persecución, que terminaba cuando cada uno había tomado a una joven, agarrándola por la tetilla izquierda; esta era su novia, y bastaba este acto para que ambos quedaran casados. Seguía el baile, en que los desposados tomaban parte en el traje de la primera edad; en determinada sazón, ponían cada par de casados entre dos petates, uno de cama y otro de cubierta, prosiguiendo en el baile los convidados.

Recién nacidos los niños, con una espina les pican alrededor de los párpados, y con tizne les dejan impresos dos arcos de puntos negros, repitiendo la operación por la cara y el cuerpo, conforme van entrando en edad: los pimas tienen estas pintas como medio para realzar su hermosura. Cada niño o niña tiene su péri, es decir, un hombre o mujer respectivamente, de sus parientes o de los extraños que, para ello se ofrecen; dicen al infante cuáles son sus obligaciones, tentándole el cuerpo y tirándoles de los brazos y de las piernas, después de lo cual la persona escogida recibe el nombre de péri y queda identificada con el niño.

Enterraban a los muertos poniéndoles en la sepultura todos sus vestidos, armas, una porción de pinole y una olla llena de agua. Las madres, por algunos días continuos, recogían en una jícara leche de sus pechos, para irla a verter sobre el sepulcro de su hijo.

Entre los ópatas principalmente, para que un mozo fuera promovido al grado de guerrero, era menester que hubiera hecho su noviciado saliendo algunas veces contra el enemigo; habiéndose portado con valor, el capitán del pueblo procedía a darle el grado. Reunidos los guerreros, se escogía un padrino, quien ponía las manos sobre los hombros del candidato; en esta forma, el capitán le hacía una plática acerca de sus deberes, y sacando del carcaj una garra seca de águila, le arañaba, hasta hacer brotar la sangre, desde el hombro hasta la muñeca, no siguiendo la línea recta sino ondulada; después sobre el pecho, y luego en los muslos y en las piernas: la prueba debía ser sufrida con valor, sin dar muestra de debilidad.

Incorporado entre los guerreros, no acababan aquí sus trabajos; mientras era el menos antiguo le tocaba velar de continuo, no se acercaba a la lumbre por más fría que fuera la noche, y si se dormía o pretendía calentarse, le arrojaban agua encima, le denostaban y hacían que sufriera la intemperie sin murmurar.   -341-   Para salir a campaña, se preparaban la noche anterior con una junta en que el capitán recordaba a todos su deber y sus proezas, diciendo ellos que así se preparan para las trasnochadas; astutos y cautelosos como todos los salvajes, su principal intento es dar un albazo, y conseguido, en vez de perseguir al enemigo hasta exterminarlo, se contentan con el despojo que toman, y cortando la cabellera a los muertos la bailan sobre el mismo campo de batalla.

Si fueron derrotados vuelven a su pueblo de noche y sin ruido; si retornan vencedores, salen las mujeres precedidas de una vieja y de la mujer del capitán, saludan a los guerreros, y mientras estos colgando las armas a las puertas de sus casas quedan de espectadores, aquellas toman la cabellera, la pisan, la llenan de ceniza, le echan agua caliente, y bailan al son de las canciones que tienen compuestas al intento: a los prisioneros de cualquier sexo o edad, las viejas les queman el cuerpo con tizones, principalmente los muslos, y les hacen bailar y les evitan el sueño hasta que caen rendidos. Los ópatas acostumbraban traer la mano de uno de sus enemigos, para revolver con ella el pinole con que se obsequia a los danzantes.

Por lo que toca ya particularmente a los ópatas, diremos, que entre todas las de Sonora, es la nación más adelantada: se dedicaba a la agricultura y sabía tejer sus lienzos en un telar peculiar que aún todavía usan las indias, y en el cual, atendida su máquina, fabrican telas prodigiosas. En cuanto a lo demás, según la expresión del señor don Agustín Escudero, en su estado actual, «esta es otra de las tribus sometidas más numerosa y valiente que hay que considerar.

Ella desde la conquista hasta hoy ha sido uno de los frenos más poderosos que han contenido las incursiones de los apaches en nuestras fronteras. Sus pueblos, que fueron muy ricos en tiempo de los jesuitas, están diseminados en la parte más principal y céntrica del Estado de Sonora, lo que concurre a hacer más temible una sublevación, que haría la desgracia de este Estado, el de Sinaloa y Chihuahua, pues concluirán con los habitantes, los pocos ganados y las propiedades de todo género que aún han quedado existentes todavía.

Los ópatas son tan honrados como valientes; su educación, única cosa que han heredado de sus padres, es más bien guerrera que supersticiosa, como generalmente son los indios reducidos; sus juegos, bailes y cantos, conspiran al ejercicio de las fuerzas físicas y del ánimo, manteniendo entre si la emulación más viva sobre quién maneja mejor las armas. Los domingos se reúnen los varones a jugar el guachicori o el gomi.

Para hacer el primero, se dividen en dos partidas, mandadas por un capitán nombrado allí mismo por los que han de pelear en la carrera, que emprenden llevando por delante de sí unos huesos mancornados, que llaman manea, en la que van interesadas las mujeres de los jugadores, de uno y otro bando,   -342-   y los mismos contendientes: es juego de agilidad en la carrera, sufrimiento y audacia. No es permitida en él otra arma que una varita muy delgada, que solo les sirve para tirar hacia adelante la mancuerna de huesos, y no pueden usar de ella para ofender o defenderse. Muchas veces una caída o empujón casual han causado la muerte de un contrario, aunque no haya dado motivo de queja o disgusto.

El gomi es otro juego de carrera, que se hace con dos bolas de madera del tamaño de una naranja, con las que marchan o vuelan dos o más contendientes en número par, tirándolas hacia adelante con la punta del pie, y avanzan hasta la distancia de una o dos leguas.

A más de estos ejercicios gimnásticos tienen el táguaro, baile de guerra, en que fingen un asalto de apaches que se roban los ganados y las mujeres, y salen los del pueblo a atacarlos y a quitarles el robo. En seguida pasa la plaza, en donde está de antemano preparado un alto palo con su muñeco al extremo, que es el táguaro; los viejos llegan sacudiendo unas sonajas que acompañan a sus cantos, mientras que los guerreros tiran jaras al táguaro, recibiendo las alabanzas o rechiflas, según el acierto o ineptitud de cada uno.

Tienen también el dagüinemaca, que es otro baile emblemático, en que recuerdan la conquista y sus paces con los españoles. Y el jojo, que pa rece ser en memoria del paso de los aztecas por aquellas tierras, y la venida de Moctezuma, a quien esperan, como los judíos al Mesías. Este baile parece menos alusivo y demasiado supersticioso a los que no ven en él más que ideas de idolatría o magia; pero en el fondo es puramente histórico.

Sobre todo llama la atención el dagüinemaca (dame y te daré), en que recuerdan el día en que hicieron las paces con los españoles, y cuya fiesta la celebran anualmente. En ella se acostumbra que hombres y mujeres bailan delante de aquel por quien sienten mayor inclinación o afecto, y le ofrecen algún obsequio, como un caballo, vaca, pollos, etc.; luego abrazan a la persona agraciada, obligándola a que dé una o dos vueltas al compás del canto, y con esto queda concluido un tratado de alianza y amistad entre ambas partes, que no lo relaja sino la muerte.

Estos se llaman noraguas, es decir, amigos; pero tan sinceros y buenos, que el indio deja a sus hijos y su mujer por su noragua; y cuando sabe que trata de emprender una caminata peligrosa, o que puede prestarle algún servicio, se apresura a ofrecerlo con la mejor voluntad. Por lo regular no son pagados en tan buena moneda. Al año siguiente se ha de retribuir el presente y las vueltas de baile, ‘lo que perfecciona el tratado, que según la tradición se instituyó al tiempo de la conquista como prenda de la buena fe de ambas partes.’ En efecto, desde entonces esta nación valiente y guerrera ha sido consecuente y fiel.

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En fin, los ópatas son amantes del trabajo, pero no emprenden tampoco emigraciones con sus familias como los yaquis para facilitarse ocupación. Es muy general entre ellos el uso de la lengua castellana, que la hablan sin ocultar el que la saben; pero a pesar de eso conservan la propia con una pureza que parece increíble. Sus terrenos son fértiles y producen con abundancia trigo, algodón, cañas de azúcar y moreras, con cuya hoja puede criarse el gusano de seda.

El río Yaqui que riega estas posesiones, les ofrece en sus aguas y en sus arboledas inmensas ventajas, que solo podrían sacar si se hallasen más capaces de hacerlo que lo que están en la actualidad. Las montañas de la Sierra Madre, en los pueblos de Buena vista a Babispe, son otros tantos bancos de plata, aunque de baja ley.»

Los pueblos ocupados por los ópatas son los siguientes, señalando el número que llevan junto, el año en que los misioneros comenzaron los bautismos en cada lugar.

Nuestra Señora de la Asunción Arizpe: 1645.
San Lorenzo Guepaca: 1639.
Bacoaiz, Bacoatzi, Bacoachi: 1650.
San José Chinapa: 1645.
Nuestra Señora de los Remedios de Beramitzi, Banamitzi: 1639.
San Ignacio de Soniquipa: 1646.
Purísima de Babicora, Babiacora, Babicori: 1639.
Guasavas: 1645.
Oputo: 1645.
Bacadeguatzi: 1645.
Nacori: 1645.
Mochopa.
Bacerac: 1645.
Babispe: 1645.
San Juan Guachirita.
Oposura: 1644.
Cumpas: 1644.
Cuquiaratzi: 1653.
Cuchuta: 1653.
Teuricatzi: 1653.
Tepache: 1675.
Terapa.
Pivipa.
Yecorí: 1673.
Jamaica.
Real de Nacosari.
Guatzinera: 1645.
Batepito.
Santa Rosa de Coradeguatzi, Fronteras (presidio).

Conforme a las Noticias Estadísticas del Estado de Sonora, por don Francisco Velasco, la nación ópata se subdivide en ópatas tegüis, avecindados en los pueblos de:

Opodepe
Terapa
Cucurpe
Alamos
Batuco.

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En ópatas tegüimas en:

Sinoquipe
Banamichi
Huepaca
Aconchi
Babiacora
Chinapa
Bacuachi
Cuquiarachi
Cumpas.

Opatas cogüinachis en:

Toniche
Matape
Oputo
Oposura
Gluasavas
Bacadeguachi
Nacori (otro)
Mochopa.

Los del pueblo de Santa Cruz se dice que son de nación contla.

Los batucas, en el pueblo de Batuco, corresponden también a los ópatas, así como los sahuaripas, los himeris y los guasabas.

Los ópatas ocupan en el Estado de Sonora los actuales partidos de Sa huaripa, Oposura, Ures, Arizpe y parte del de Magdalena.

Eudeve

Eudeve, eudebe, hegue, equi, en algunas relaciones, y en su gramática llamada heve eudeva, dohema, es lengua dialecto del ópata, del cual se diferencia como «el portugués del castellano.» La hablan los eudeves, eudebes, hegues, hequis, heves, eudevas, batucos y finalmente los dohme, como ellos se dicen dándose un apellido nacional. En el plano van puestos juntos con los ópatas, y los pueblos que les corresponden son:

Matape: 1629.
Nacori: 1629.
Los Álamos: 1629.
Robesco, ranchería: 1673.
Bacanora: 1627.
Batuco: 1629.
Tepuspe.
Cucurpe: 1647.
Saracatzi.
Toape: 1647.
Opodepe: 1649.

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Jova

Jova, jobal, ova, dialecto también del ópata; se extiende a Chihuahua y lo hablan los jovas, jobales, ovas y sahuaripuas. Le pertenecen los pueblos de:

San José Teopari: 1676.
Los Dolores.
Sahuaripa, donde hay también ópatas: 1627.
Pónida.
Santo Tomás.
Arivetzi: 1627.
San Mateo Malzura: 1674.

Pima

Pima, cora, nevome, es tronco principal de la familia ópata-tarahumar-Pima. Los pimas, como les llaman los españoles, se nombran en su idioma otama en singular, y en plural ohotoma.

«Es tan numerosa esta nación (dice un misionero jesuita) y escondida, que no falta quien diga y afirme se hallan muchos pimas en las cercanías de México, y más probable es que hay algunos entre los tepehuanes que viven en la Sierra, y aun hay rancherías de ellos entre las incontrastables barrancas y cerros que están entre la nación tarahumara y tepehuana, Sierra de Topia y Tubares, y en las nuevas misiones de Nabogame y Naborigame pertenecientes a la visita de los tepehuanes y tarahumares viejos, y están en la Sierra, cuarenta leguas de la misión de Santa Cruz.

No carezco totalmente de datos para creer que los indios nayares son pimas, o al menos descendientes de ellos, y sí lo único que no hemos podido jamás poner en claro, es esa multitud de pimas que se aparece como por encanto desde Yepache en la Sierra Madre y por todas las misiones de Yecora, Onapa, Moris, Movas (o Navas), Tecoripa y Ures que administra la Compañía de Jesús en pueblos grandes, aunque mezclados con indios de nación eudebe y otros que viven en San Marcial, Nidope y Guaimas, conocido por Pimeria vieja.»

El señor Escudero describe así sus costumbres:

«Los aduares o establecimientos de estos indígenas están a la parte más oriental y al Norte del Estado de Sonora y gozan generalmente de un clima templado, aunque los de la Magdalena a Oquitoa son, con muy poca. diferencia, tan calurosos como Buenavista y Guaymas.

Estos indios son los más atrasados en la civilización, y los que menos se han acostumbrado al trato con los blancos; sin embargo, los que viven en los pueblos, principalmente del río de San Ignacio, se hallan menos atrasados que los   -346-   otros, y con propensiones más marcadas a los goces de la sociedad, trato y comercio con las gentes civilizadas, entre las que viven pacíficamente.

Se dividen en pimas altos y bajos, que son los conquistados y reducidos a pueblos desde el siglo XVI, de los que hay siete, cada cual gobernado por un anciano, y todos por el general de la nación, que en otro tiempo nombraban los indios, y era confirmado por el intendente, a quien se le presentaba para recibir un vestido de paño ordinario y un bastos con puño de hoja de lata, ignorándose todavía entre ellos cómo se hace actualmente.

Son labradores y cazadores: enemigos mortales de los apaches y yumas, a quienes hacen una guerra perpetua. Esta nación es flemática y perezosa, pero honrada y virtuosa por naturaleza, de manera que son proverbiales entre los que hablan el idioma cora, la fiel puntualidad en sus compromisos, así de sus gobernantes como de los individuos en particular, y la más acreditada justificación en sus jueces y magistrados.

Multitud de las personas que han estado en los pueblos del Gila y que han hecho el camino de Tubutama a Californias, pueden dar testimonio de la hospitalidad de los pimas y cómo son también escoltados por los pápagos de Caborca y Tubutama, para pasarlos con bagajes del otro lado del río. Jamás se ha oído decir de una violencia o robo, a pesar de ser muy frecuentes los pasajeros que transitan a los pueblos del Gila, adonde concurre una multitud de vecinos de los presidios del Tucson, Santa Cruz y río San Ignacio, a una especie de feria que tienen anualmente, en la que aquellos pacíficos indígenas cambian sus tejidos de algodón, llamados mantas pimas, que son unos cobertores blancos y hermosos; unas canastas llamadas coros o coritas, y los indios yumas o apaches que han hecho prisioneros.

Estos se bautizan, adoptan y educan por los compadres, y forman una gran parte de la servidumbre doméstica en las Sonoras.

Los pimas y los ópatas han contenido, siempre a los apaches: son guerreros y valientes en la campaña, sufridos y constantes en las penalidades y privaciones de esta guerra extraordinaria en todo, y que se hace por terrenos despoblados y asolados por el mismo enemigo.

En su trato familiar son dulces, aunque la mujeres pápagas trabajan en triple proporción que el marido: sin embargo de lo cual son tan buenos esposos como los ópatas; buenos padres e inmejorables amigos; siendo muy de notar, que aunque por pundonor jamás olvidan los agravios, no por esto son vengativos, cuya cualidad es análoga a la elevación natural de sus almas.

El soldado pima lleva consigo su mochila o maleta, su fusil o lanza, y víveres de boca y guerra para quince días: camina veinte y cinco o treinta leguas diarias, y jamás se queja de la fatiga, ni de la mala calidad de los alimentos, aunque estos se reduzcan ordinariamente a cecina y pinole.»

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Los pimas altos ocupan los partidos de la Magdalena y del Altar; lindan al Norte con el Gila; al Este con los apaches y con los ópatas, sirviendo de límite el río de San Pedro o de Sobaipuris; al Oeste el mar de Cortés, y al Sur el terreno que ocuparon los séris.

No todo este terreno está poblado; los indios reducidos a pueblos se encuentran en la parte del Oeste, el demás terreno, sobre todo, las marismas donde vaguean tribus errantes, está casi yermo. Todas las tribus de esa superficie hablan el mismo idioma, con pocas variaciones; idioma que es idéntico al que usan muchos de los bárbaros al otro lado del Gila. Aunque todos de origen pima, solo los reducidos conservan este nombre; las demás parcialidades reciben distintas denominaciones, de común nacidas de una clasificación arbitraria.

Los pueblos de los pimas altos son:

San Pablo del Pescadero
Pitiquin
Rosario de Nacameri: 1638
Santos Ángeles
Hecatazi
Taraichi
Santa Ana
Tubutama
Santa Teresa
Atic
Oquitoa
Caborca
Bussani
Bisani
San Ignacio
Imuris
Santa María Magdalena Soanca
Arivac
Nuestra Señora de los Dolores del Saric
Altar
Los Dolores
Los Remedios
Cocospera, Coespan
Terrenate
Sonoita
San Javier del Bac
Tucson
Tubac
Tumacacori
Calabazas
Guevaví-Gussudac
Bonostac
Occuca
San Lorenzo.

Indicamos arriba que algunas tribus, aunque pimas, llevan diferentes nombres. Para clasificarlas con claridad las distribuiremos en tres grupos; las que habitan en el interior, las que se encuentran en las márgenes del Gila (río del Tizón), y las de las orillas del Colorado (río del Coral, río Grande, el buqui aquimuti de los pimas). Estas dos últimas divisiones ya no quedan en terrenos de México desde los tratados de Guadalupe y de la Mesilla; los ponemos para no dejar tan incompleto lo que a los pimas corresponde.

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1.º Los sobaipuris asientan sus aduares sobre el río de San Pedro y en el hermoso llano a que ellos dieron su nombre, y quedan al Este de los pimas reducidos.

Los sobas ocuparon a Caborca, encontrándose también en los alrededores.

Los pápagos, papahotas, papalotes, viven al Oeste del Estado; tribu numerosa, no ha sido del todo reducida, resistiendo al influjo de la civilización. Las rancherías que se les han conocido como más estables, son: Zoñi, Cubic, Quitovac, Sonoita, Tachilta, Raíz del Mezquite, Tecolote, Santa Rosa, Ati y Caborqueños.

Lo potlapiguas se mencionan como nación gentil cerca de Babispe y de Bacerac, colocada en la frontera.

Llaman piatos a los pimas de Caborca, Tubutama y aquella region.

2.º Comenzando de Este a Oeste, siguiendo el curso del Gila, hallamos también sobaipuris desde el río Sobaipuris hasta cerca de las Casas grandes.

En estas antiguas ruinas y por diez leguas más abajo, los gileños o xileños se extienden por las amenas vegas del río: la principal ranchería de esta parte del río es Tussoninio, y de la otra Sudacson, o la Encarnación.

Diez leguas más allá de donde los ríos Verde y Salado se incorporan en el Gila, comienzan los aduares de los ópas y de los cocomaricopas, a entrambas orillas del río, en distancia de unas treinta y seis leguas. Sus rancherías principales, Stucabitic, Ojiataibues, Uparch, Tuquisan, Sudacsassaba, y la última Tumac. Hablan un dialecto del pima, más suave y más fácil que este, pues tiene la vocal e, que falta a los pimas, y en cuyo lugar ponen la u.

Sigue un gran espacio despoblado hasta dar con las tierras de los hudcoadames, últimos pueblos de este río.

3.º En las márgenes del Colorado entre la unión de este y del Gila y por doce leguas a la orilla de aquel se encuentran los yumas.

En el recodo del río tiene asiento la nación cuhana, en unas ocho leguas. De aquí hasta el desemboque del Colorado en el mar Rubro, como le llaman los misioneros al golfo de Californias, vaguean por último los quíquimas.

Añadiremos que en la relación del viaje que el Muy reverendo padre fray Francisco Garces emprendió al río Colorado en 1775-6, se encuentran las siguientes noticias acerca de las naciones que allí habitan y de los idiomas que hablan.

En el Río Gila
Pápaga A
Pima A
Cocomaricopa B
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Río Colorado
Cucapa C
Jallicuamay C
Cajuenche C
Yuma B
Jalchedum B
Jamajabs B

Naciones que vi y tuve noticia desde los jamajabs para arriba, a una parte y otra del río Colorado.

Norte
Chemegue cajuala D
Chemegue sebita D
Chemeguaba E
Chemegue E
Payuchas E
Yutas E

Noroeste
Jaguyapay E
Yavipaicajuala E
Yavipai Cuercomache E
Yavipai jabesua E
Yavipai muca oraive F. G.

Tuve noticia que al Norte de las naciones arriba dichas, se hallan las siguientes: guamoa, guanavepe, guallibas, aguachacha, japiel, baquioba y gualta.

En el día de hoy (prosigue diciendo), todas las del río Gila y Colorado están en paz, y todas sus colaterales, menos los yavipaistejua, enemigos de los pimas y de los cocomaricopas.

No aseguro la perseverancia, y por esto diré las amistades y enemistades antiguas que pueden prevalecer: primeramente los cucapa han sido siempre amigos de los cuñai, y enemigos de los pápagos, de los jallicuamais y cajuenches: los jallicuamais, amigos de los cajuenches, de los quemeyá y de los jalchedunes, y enemigos de los yumas y pápagos: los yumas, siempre amigos de los jamajabs, yavipaistejua y de los pápagos de Sonoitac, y enemigos de los jalchedunes, de los cocomaricopas, pimas, gileños de los del desemboque, y de los   -350-   jecuiches de la sierra: los jalchedunes, amigos siempre de los cocomaricopas, pimas, gileños, de los pápagos del Norte, de los yavipais hasta Oraive inclusive (menos la Tecua), de los jecuiches y genigueches, y de todas las naciones de los yumas para abajo, y han sido enemigos de los jamajabs, yavipaistejua, chemeguet y de los yumas: los jamajabs han sido amigos de los yumas, de los yavipaistejua, y a la otra banda del río, de los chemeguets y de todas las naciones de San Gabriel y San Luis; sus enemigos han sido los yavipais, menos los tejua, los jalchedunes, los genigueches y jecuiches; el pueblo de Oraive tiene amistad con todos los yavipais desde el Gila y Colorado, menos los tejua, con los yutas, con los demás pueblos del Moqui, con las misiones del Nuevo México y con todos los yavipais del Sur, que son los que infestan estas provincias; sus enemigos son los yavipaistejua, los yutas del Colorado, chemeguabas, los yumas, los jamajabs, los pimas gileños y cocomaricopas; los yavipais, del camino del Moqui, son amigos de Oraive, jalchedunes, chemeguabas, cocomaricopas, pimas, yutas, baquiobas, yavipais, lipanes, y yavipais, natafé; son enemigos de los yavipaistejua, jamajabs, yumas, y con fundamento digo, que también del Nuevo México; los yavipaistejua son amigos de los yumas, jamajabs, chemeguabas, yavipais, navajai, y yavipais, gileños, y enemigos de los jalchedunes, pimas, gileños, cocomaricopas, y de los yavipais del Norte y de Oraive; los chemeguabas son amigos de los yutas, de todos los yavipais, y de todas las naciones del Poniente, y enemigos de los comanches del Moqui y de los jalchedunes; los del río Gila todos son amigos entre sí y con los jalchedunes, y enemigos de los tejua y apaches.»

Hasta aquí el padre Garcés. A primera vista parece que no están conformes la relación que acabamos de copiar y lo que antes habíamos dicho, supuesto que en aquella encontramos, que las naciones que habitan el Colorado, comenzando por su desemboque, son los cucapá, jallicuamay, cajuenche, jalchedun y jamajab, mientras nosotros habíamos puesto los quiquimas, cuhanas y yumas; la contradicción desaparece considerando, que los cuhanas y los cucapá son un a misma tribu, y que las otras no son más de familias derivadas de los pueblos que hablan dialectos pimas. En nuestro concepto, todas las gentes que aparecen más allá y más acá del río Gila, sacan su filiación, unas de los pimas, los demás de los apaches, que son los yavipais.

Agregaremos todavía otras denominaciones.

Los cocomaricopas y jalchedunes llaman a los jamajabs, cuesninas o cuismer.

Los pimas gileños les dicen a los yavipais, taros y nijores. A propósito de los nijores o nijoras diremos, que unas relaciones aseguran la existencia de   -351-   una nación de este nombre, al Norte del río Gila, negándolo otras; fúndanse estas en que nijor quiere decir cautivo; que los cocomaricopas roban los muchachos a sus enemigos y vienen a venderlos a los pimas, de lo cual resulta que el nijor que venden es un cautivo, y no un individuo de nación que así se nombre. Conforme a lo que hemos encontrado, satisface esta explicación.

Los jamajabs se dicen cosninas, culimisnas, culisnurs.

Los chirumas son los yumas.

A los yutas llaman los cocomaricopas yum yum y jut joat.

El padre Jacobo Sedelmair pone la nación quicamopa a lo largo del Colorado, desde su desemboque hasta su unión con el Gila.

En la confluencia del Colorado y del Gila, hallo como naciones principales los yumas y quihuimas, y además los yuanes, cutganes, alchedomas y bagiopas.

Los pimas bajos confinan al Norte y al Este con los ópatas; al Este con los tarahumares; al Sur con los pueblos del Yaqui y del Mayo; y al Oeste con los séris: en el Estado están derramados por los distritos de los Alamos, Guaymas y Hermosillo. Fueron los primeros que se redujeron a la vida social y al cristianismo, y como ya vimos se les conocía con el nombre de nebomes. Los pueblos que les pertenecen son:

San Miguel de Ures (tiene ópatas)
Soyopa (tiene eudebes)
Tecoripa: 1619
Suaqui: 1619
Comuripa: 1619
San Ignacio Onabas: 1622
Tonitsi (tiene eudebes): 1628
Nuri: 1622
Santa Rosalía Onapa: 1677
Movas, Navas: 1622
Buena Vista
San José de Pimas
San Antonio de la Huerta
Yécora
Maicoba.

Las familias que les corresponden son: los sibubapas, como les dicen a los indios del pueblo de Suaqui.

Los nures, habitadores del pueblo de Nuri.

Los hios, a ocho leguas al Este de Tepahue, y los huvagueres y los tehuisos sus vecinos: más al Este seguían los basiroas y los tehatas.

Los sisibotaris, según el padre Ribas, tomaron nombre de un su buen cacique Sisibotari, amante de la doctrina y de los castellanos. «Los sisibotaris se halló ser la nación más dócil y más culta de todas las que hasta allí se habían descubierto. Habitan en unos valles de bello cielo y saludable temple, cercados de montes no muy altos.

En el traje son muy diferentes   -352-   de los yaquis y mayos. Los hombres se cubren con una pequeña manta pintada de la cintura a la rodilla, y cuando hace frío usan unas mantas grandes de algodón y pita. Las mujeres van cargadas de vestidos, y al entrar en la iglesia hacen tanto ruido como si fueran españolas. Los faldellines que usan llegan hasta el suelo, de pieles bruñidas y blancas como una seda, con pinturas de colores o de algodón y pita, que tienen en abundancia. Se ponen además de eso un delantal de la cintura abajo, que en muchas suele ser negro, y parece escapulario de monjas.

Las doncellas especialmente usan una especie de jubones o corpiños muy bien labrados; a todo esto añaden en el invierno unos como roquetes, y así todas son honestísimas. Son estos indios muy sobrios en el comer, y por eso gozan de muy buena salud. Sus casas son de barro y de terrado, a modo de las que se hacen de adobes, y mejores, porque aunque el barro es sin mezcla de paja, lo pisan y disponen de manera que queda como una piedra, y luego lo cubren con maderas fuertes y bien labradas.

En las danzas que hacían en muestra de alegría, fue muy de notar que aunque danzaban juntos hombres y mujeres, ni se hablaban ni se tocaban inmediatamente las manos, sino asidos a los cabos de mantas o paños de algodón, y las mujeres con los ojos en el suelo con grande compostura y recato. Así afrentaban unos indios gentiles la poca circunspección de los cristianos muy antiguos.»

Los aibinos tenían por primeros pueblos a Teopa y Matape, con las mismas costumbres de los sisibotaris.

Los pimas bajos hablan la misma lengua que los altos. De la lengua pima dice Balbi333 «que se habla por los pimas, que son la nación más numerosa de la Pimeria, que se extiende desde el paralelo 31º hasta casi el 34º. Los pápagos o papabi-cotam, que moran hacia los paralelos 33º y 34º hablan un dialecto del pima.

Esta lengua distingue por flexión el singular del plural de los nombres sustantivos; coloca las preposiciones después de sus regímenes y las conjunciones al fin de las preposiciones: la sintaxis es muy complicada y del todo distinta de la de las lenguas Europeas.»

El mismo Balbi334 nombra como lenguas correspondientes a Sonora el cinaloa, el guaymas, el pima, el tarahumara, el ópata, el eudeve, el moba, el onava, el nure, el comoripa, el tecoripa, el aibina, el sisibotari, el batuta, el sonora, el yema, el casas grandes, el yavipai y el apache. No estamos conformes con estas, denominaciones.

El cinaloa o sinaloa es el cahita; el guayma es dialecto del séri, y este no consta en la lista; existe el ópata, con su dialecto el   -353-   eudeve, así como el pima, el tarahumar en Chihuahua, el yuma dialecto del pima, y el apache que es el mismo yavipai; mas en cuanto a lo demás, nos parece que ninguno debe aparecer como lengua, no siendo otra cosa que nombres de pueblos o de parcialidades de tribus que nos son conocidas.

Movas, Onavas, Nuri, Comuripa y Tecoripa son pueblos de la Pimeria baja, en los cuales se habla el pima; los aibinos y los sisibotaris son subtribus de los pimas altos; Batuco es pueblo donde se habla el eudeve; casas grandes si existe como nombre de tribu, debe de ser una fracción de los yumas; y finalmente sonora es sinónimo de ópata. Nos parece que el señor Balbi copió estos errores del padre Ribas.

Nosotros hemos formado la clasificación siguiente, en cuanto a las lenguas y a las tribus que las hablan:

Pimas, nevome, cora, de los pimas altos, pimas bajos, sobas, potlapiguas, piautos, sibubapas, nures, hios, huvagueres, tehuizos, basiroas, tehatas, sisibotaris, aibinos, movas, onavas, comuripas, tecoripas, nevomes o nebomes, y finalmente, los pimahaitu como ellos se dicen por apellido nacional, u ohotoma según su lengua.

Pápago

Dialecto del pima, hablado por los pápagos, papahotas, papabotas, papelotes, papavicotam.

Sobaipuri

Dialecto del pima, usado por los sobaipuris.

Yuma

Dialecto del pima, lo tienen los yumas o chirumas, gileños o xileños, opas, cocopas, cocomaricopas, hudcoadanes, jamajabs o cuesninas o cuismer o cosninas o culisnisnas o culisnurs y los quicamopas.

Cajuenche

Dialecto del pima, pertenecen a esta sección los cucapá o cuhanas, jallicuamai, cajuenches, quiquimas o quihuimas, yuanes, cutganes, alchedomas, bagiopas, cuñai y quemeyú.

Séri

Los séris, comprendidos entre el mar al Oeste; los pimas altos al Norte; al Este los ópatas, y los pimas bajos; al Sur los pueblos del río Yaqui, son la nación más pequeña de Sonora, mas también la más cruel, la más falaz, la   -354-   que menos ha querido reducirse a vida política.

Apenas se han juntado en cortas poblaciones, como el Pópulo y Belén y al resto de la nación, a punto de perecer, y que está constantemente en una guerra cruel, a sido preciso perseguirla y exterminarla.

Sus madrigueras las han tenido en el famoso cerro Prieto, doce leguas al Oeste de San José de los Pimas, en la cadena que se extiende hacia Guaymas, en el rincón de Marcos, en las sierras de Bocoatzi Grande, en la sierra de Picu cerca de la costa, y sobre todo en la isla del Tiburón, situada en el Golfo de Californias, a una legua de la playa. Por corta que la tribu haya sido, se conocían de ella tres fracciones.

Los salineros hacia los confines de la Pimeria alta.

Al Sur de ellos los tepocas, los más próximos a la isla del Tiburón.

Los guaymas y upanguaymas que ocupaban el terreno en que ahora se encuentra el puerto de ese nombre, y que se redujeron al pueblo de Belén, confundiéndose con los indios del río Yaqui.

Feroces y salvajes, han preferido morir en la guerra contra los blancos, antes que adoptar sus usos y sus costumbres; perezosos, indolentes, se entregan con tanta pasión a la embriaguez, que las madres dan con la boca el aguardiente a los niños más pequeños.

Son altos, bien formados, y las mujeres no carecen de belleza. Es proverbial la ponzoña con que envenenan sus flechas, por su efecto mortífero; componen el jugo venenoso con multitud de ingredientes, y añaden al confeccionarlo prácticas supersticiosas.

Hablan el idioma séri los séris, céris, tiburones, tepocas y salineros. En nuestra clasificación formamos con esta lengua familia particular, compuesta de la principal y de los dialectos el guaima y el upanguaima.

Guaima

Dialecto del séri, hablado por los guaimas que son los guayamas del mayor Pike, y por los cocomaques.

Upan guaima

Dialecto del séri, usado por los upanguaimas.

Cahita

Los indios conocidos con los nombres de yaquis y de mayos, ocupan la parte Sur del Estado de Sonora, a lo largo de los ríos de donde toman el apellido.

-355-   «Estos indios, dice el señor Escudero, tienen un carácter dulce y tratable, y están dotados de una imaginación viva y fogosa: son hombres de ideas y de potencias despejadas; y aunque dados a la música y a los placeres, y grandes amigos de fiestas y golosinas, en la guerra son audaces, intrépidos y aun feroces, cualidades a primera vista opuestas a las otras. Son asimismo trabajadores e industriosos, cuyas cualidades no tienen los pueblos degenerados o sibaritas.

En Sonora y Sinaloa son los arrieros, los labradores, los vaqueros, los buzos, los marineros, los mineros, los gambusinos o explotadores materiales de los placeres o criaderos del oro, y cuanto hay de trabajo u obra de mano suelen hacerlo, porque generalmente tienen talento y disposición para toda clase de artes, oficios y ocupaciones a que se les destine.

Trabajan con asiduidad y constancia todo el año para juntar algún dinero con que ir al pueblo del Yaqui a la fiesta de San Juan, en la estación de las frutas, como lo hemos dicho arriba. Y tienen la extraña y vituperable costumbre de celebrar también otra fiesta o baile llamado tutile gamuchi (cambio de mujeres), en la que no es yaqui de buen gusto el que no cambia la suya, de la misma manera que lo hacían los espartanos para multiplicar y perpetuar su raza guerrera.

Su espectáculo favorito es el que presenta un bufón despejado, y si no ingenioso, maligno y agudo, que divierte con sus dichos y gestos aun a los que no saben su idioma, y salta y danza al compás de un pito y tamboril en los ratos en que no tiene nada que decir. Este fantástico baile se llama del pascol, porque se celebra con más particularidad en los días de Pascua. El que lo desempeña se cubre con una máscara muy deforme que lleva en la cara, y sonajas en los pies, brazos y cintura, y una sola en la mano con que acompaña a la música, llevando el compás.

La institución de este baile podría decirse que se haría siguiendo el principio de Horacio, canendo et ridendo corrigo mores; porque en él se satirizan los vicios y se dicen chistosos epigramas, que casi siempre agradan a los espectadores, a cuyo fin se buscan por lo regular hombres de edad, de ingenio, que sepan referir o inventar anécdotas o cuentos morales y satíricos a su auditorio, haciendo variar la diversión, que de otro modo sería monótona y fastidiosa.

El violín y la arpa son instrumentos comunes entre los yaquis y mayos, y los tañen y acompañan armoniosamente, lo que prueba el gusto de estos indígenas por la música, y que este gusto no es nuevo entre ellos.»

Los yaquis viven en la orilla del río Yaqui, Hiaqui, Yaquimi, distribuidos en los pueblos del Espíritu Santo de Cocorin, Santa Cruz Bacum o Bahium, San Ignacio Torin, la Santísima Trinidad Vicam o Bicam, la Asunción de Raum, la Santísima Trinidad de Potam, Huirivis, Nuestra Señora de Belem: en todos se habla la lengua cahita, y en Belem también el séri.

-356-
Los mayos, sobre el río Mayo, llevan una denominación homónima con los de Yucatán, aunque nada tienen de común; hablan también el cahita y están distribuidos en los pueblos de Santa Cruz de Mayo, Espíritu Santo Echojoa o Echonova, Natividad Navajoa o Navohoua, Concepción Cuirimpo, San Ignacio de Tesia, Santa Catalina Cayamoa o Camoa, San Bartolomé Batacosa, Masiaca.

Balbi, en la tabla XXXII de su atlas, hablando de este idioma dice: «Cinaloa, hablado en las provincias de Cinaloa, de Hostimuri y en la parte meridional de Sonora, en la intendencia de este nombre. Esta lengua comprende tres dialectos principales muy diferentes; el zuaque, hablado en la parte meridional de la provincia de Cinaloa y en otros lugares; la maya, hablado a lo largo del río Mayo en el Hostimuri y en Sonora; el yaqui o hiaqui, hablado a lo largo del río Yaqui, en la provincia de Sonora.»

No nos conformamos con la mayor parte de estos asertos. Según la gramática de esta lengua, no se llama Sinaloa sino Cahita, y cuenta tres dialectos; el mayo hablado por los mayos, que son los indios habitadores de las orillas del río Mayo; el yaqui, de los indios del río Yaqui; y el thehueco y también zuaque que se usa en Sinaloa por los indios de las márgenes del río del Fuerte. El cahita es lengua hermana del tepehuan y de las que forman la familia ópata-tarahumar-pima.

Apache

Véase el artículo particular acerca de esta nación.

Lenguas perdidas

Colocamos en primer lugar el tepahue, hablado por «gentes serranas y de mucho espíritu, habitadores de una península que forman dos ríos o brazos del Mayo al Oriente de los de esta nación.» Era lengua particular de los pueblos de San Andrés Conicari y la Asunción Tepahue.

En las vertientes del río, antes de los tepahues, se encontraban los tecayaguis, cues o macoyahuis, con su lengua particular el macoyahuy: sus restos se encuentran en el pueblo de la Concepción de Macoyahui.

Por fin el vayema, el putima, el baturoque y el teparantana.

Fuente: www.genealogia.org.mx

comentarios
  1. puto dice:

    Los indios conocidos con los nombres de yaquis y de mayos, ocupan la parte Sur del Estado de Sonora, a lo largo de los ríos de donde toman el apellido.

    -355- «Estos indios, dice el señor Escudero, tienen un carácter dulce y tratable, y están dotados de una imaginación viva y fogosa: son hombres de ideas y de potencias despejadas; y aunque dados a la música y a los placeres, y grandes amigos de fiestas y golosinas, en la guerra son audaces, intrépidos y aun feroces, cualidades a primera vista opuestas a las otras. Son asimismo trabajadores e industriosos, cuyas cualidades no tienen los pueblos degenerados o sibaritas.

    En Sonora y Sinaloa son los arrieros, los labradores, los vaqueros, los buzos, los marineros, los mineros, los gambusinos o explotadores materiales de los placeres o criaderos del oro, y cuanto hay de trabajo u obra de mano suelen hacerlo, porque generalmente tienen talento y disposición para toda clase de artes, oficios y ocupaciones a que se les destine.

    Trabajan con asiduidad y constancia todo el año para juntar algún dinero con que ir al pueblo del Yaqui a la fiesta de San Juan, en la estación de las frutas, como lo hemos dicho arriba. Y tienen la extraña y vituperable costumbre de celebrar también otra fiesta o baile llamado tutile gamuchi (cambio de mujeres), en la que no es yaqui de buen gusto el que no cambia la suya, de la misma manera que lo hacían los espartanos para multiplicar y perpetuar su raza guerrera.

    Su espectáculo favorito es el que presenta un bufón despejado, y si no ingenioso, maligno y agudo, que divierte con sus dichos y gestos aun a los que no saben su idioma, y salta y danza al compás de un pito y tamboril en los ratos en que no tiene nada que decir. Este fantástico baile se llama del pascol, porque se celebra con más particularidad en los días de Pascua. El que lo desempeña se cubre con una máscara muy deforme que lleva en la cara, y sonajas en los pies, brazos y cintura, y una sola en la mano con que acompaña a la música, llevando el compás.

    La institución de este baile podría decirse que se haría siguiendo el principio de Horacio, canendo et ridendo corrigo mores; porque en él se satirizan los vicios y se dicen chistosos epigramas, que casi siempre agradan a los espectadores, a cuyo fin se buscan por lo regular hombres de edad, de ingenio, que sepan referir o inventar anécdotas o cuentos morales y satíricos a su auditorio, haciendo variar la diversión, que de otro modo sería monótona y fastidiosa.

    El violín y la arpa son instrumentos comunes entre los yaquis y mayos, y los tañen y acompañan armoniosamente, lo que prueba el gusto de estos indígenas por la música, y que este gusto no es nuevo entre ellos.»

    Los yaquis viven en la orilla del río Yaqui, Hiaqui, Yaquimi, distribuidos en los pueblos del Espíritu Santo de Cocorin, Santa Cruz Bacum o Bahium, San Ignacio Torin, la Santísima Trinidad Vicam o Bicam, la Asunción de Raum, la Santísima Trinidad de Potam, Huirivis, Nuestra Señora de Belem: en todos se habla la lengua cahita, y en Belem también el séri.

    -356-
    Los mayos, sobre el río Mayo, llevan una denominación homónima con los de Yucatán, aunque nada tienen de común; hablan también el cahita y están distribuidos en los pueblos de Santa Cruz de Mayo, Espíritu Santo Echojoa o Echonova, Natividad Navajoa o Navohoua, Concepción Cuirimpo, San Ignacio de Tesia, Santa Catalina Cayamoa o Camoa, San Bartolomé Batacosa, Masiaca.

    Balbi, en la tabla XXXII de su atlas, hablando de este idioma dice: «Cinaloa, hablado en las provincias de Cinaloa, de Hostimuri y en la parte meridional de Sonora, en la intendencia de este nombre. Esta lengua comprende tres dialectos principales muy diferentes; el zuaque, hablado en la parte meridional de la provincia de Cinaloa y en otros lugares; la maya, hablado a lo largo del río Mayo en el Hostimuri y en Sonora; el yaqui o hiaqui, hablado a lo largo del río Yaqui, en la provincia de Sonora.»

    No nos conformamos con la mayor parte de estos asertos. Según la gramática de esta lengua, no se llama Sinaloa sino Cahita, y cuenta tres dialectos; el mayo hablado por los mayos, que son los indios habitadores de las orillas del río Mayo; el yaqui, de los indios del río Yaqui; y el thehueco y también zuaque que se usa en Sinaloa por los indios de las márgenes del río del Fuerte. El cahita es lengua hermana del tepehuan y de las que forman la familia ópata-tarahumar-pima.

    Apache

    Véase el artículo particular acerca de esta nación.

    Lenguas perdidas

    Colocamos en primer lugar el tepahue, hablado por «gentes serranas y de mucho espíritu, habitadores de una península que forman dos ríos o brazos del Mayo al Oriente de los de esta nación.» Era lengua particular de los pueblos de San Andrés Conicari y la Asunción Tepahue.

    En las vertientes del río, antes de los tepahues, se encontraban los tecayaguis, cues o macoyahuis, con su lengua particular el macoyahuy: sus restos se encuentran en el pueblo de la Concepción de Macoyahui.

    Por fin el vayema, el putima, el baturoque y el teparantana.

    Fuente: http://www.genealogia.org.mx

  2. puto dice:

    mapa1796

    Un escrito anónimo, de un religioso jesuita, asienta que: «el nombre de Sonora, según la opinión de los indios viejísimos que aún viven (Julio de 1730), le viene de un ojo de agua cenagoso que está a media legua del pueblo de Guepaca, y parece el medio de la provincia; en este ojo de agua había antiguamente una numerosa ranchería de indios que usaban hacer sus casitas de las cañas y hojas de maíz; a estas llaman en su lengua Sonot en el recto, y en el oblicuo Sonota; oyeron los primeros españoles el vocablo, y no pareciendo bien Sonota pronunciaron Sonora, de donde cogió toda la Provincia el sonoro y armonioso nombre.» Aún pudieran añadirse otras opiniones.

    79

    La provincia de Sonora propiamente dicha, no ocupaba la misma superficie que el Estado actual; se extendía solo desde el río Gila hasta el Yaqui, quedando fuera de su demarcación el terreno que se extiende hasta el río del Fuerte. Confinaba, pues, la Sonora con el río Gita al Norte; al Este con la Sierra Madre y los tarahumares; al Este y al Sur con la provincia de Ostimuri; y al Oeste con el mar de Cortés, apellidado también mar Rojo, mar Pímico, golfo de California, mar Rubro.

    El río Yaqui o Yaquimi, límite de la provincia al Sur, es el mayor de la comarca; nace en Tamitzopa, pueblo despoblado de la misión de Baserac; en Guasavas toma la denominación de Grande, y no se le dice Yaqui hasta pasar el pueblo de Buenavista y atravesar las poblaciones de los yaquis; los jesuitas le apellidaron río del Espíritu Santo.

    Esta era la antigua provincia; el Estado actual de Sonora se extiende hasta el río del Fuerte, que lo divide -338- al Sur del Estado de Sinaloa. Ese terreno, intermedio entre ambos ríos, llevaba el nombre, en tiempo de la dominación española, de la provincia de Ostimuri.

    El río de Oposura, hasta incorporarse en el Yaqui, era la línea divisoria con la Sonora, aunque no en toda su longitud, pues propiamente comenzaba a este rumbo el Ostimuri en los pueblos de Nacori y Pónida, confinando en Onapa con la provincia de Chinipas: sus otros límites eran al Norte el Yaqui, al Este Chihuahua, al Sur el río del Fuerte, y al Oriente el mar de California. Riega aquel terreno el río Mayo, que nace en la Sierra de los tubares.

    image001

    Las lenguas de Sonora son, el ópata, el eudeva, el jova, el pima, y sus dialectos el pápago, el sobaipuri, el yema y el cajuenche, el séri, y sus dialectos el guaima y el upanguaima, el cahita y sus dialectos el mayo y el yaqui, y por último, el apache; lenguas perdidas el vayema, el putima, el baturoque, el teparantana, el tepahue y el macoyahui.

    Ópata

    La lengua ópata, llamada también ure, ore, tegüima, sonora, es una de las principales ramas de la familia ópata-tarahumar-pima.

    Los ópatas confinan al Norte con los pimas y con los apaches; al Este con la Tarahumara; al Sur con la Pimeria baja, y al Oeste con los pimas y con los séris. Los ancianos de la tribu conservaban la tradición del paso de los aztecas por sus tierras durante su peregrinación, y aseguraban «que cansadas muchas familias de tan dilatado viaje, se quedaron en este ojo de agua (de Sonora) y comenzaron a poblar sus llanos y cañadas y vegas del río; y de estas familias se formó la numerosísima nación ópata, conservando hasta hoy en su idioma muchas voces de la lengua mexicana y también sus supersticiones.»

    f2p156-2

    «De aquí tuvo entre ellos origen un error oculto a los primeros misioneros y descubierto en estos años por algunos padres peritísimos en la lengua ópata, este era, que estaban persuadidos de que su primer principio, no solamente en cuanto a su población en esas tierras, sino en cuanto al ser y existencia, era Moctezuma332, y así le llamaban en su lengua tamo mota, que quiere decir nuestro primer principio.»

    Las costumbres de los ópatas tenían puntos de semejanza con las de las otras naciones; por lo mismo, lo que vamos a decir les toca en común, reservando para cada una lo que peculiarmente le corresponda. No reconocían -339- dioses, ni tenían ídolos, ni altares, ni culto; algunos ancianos que unían el oficio de curanderos al de doctores y de mágicos, eran los que enseñaban ciertas doctrinas, las supersticiones para domeñar a los elementos y obligar a la naturaleza que les diera los bienes que habían menester; basado su oficio sobre la superchería, la especie de sacerdocio que ejercían tenía más bien por objeto el provecho particular, sacado por medio del terror, que el enseñamiento de la moral y de los preceptos de la virtud.

    Los ópatas creían que las almas de los muertos iban a una espaciosa laguna, en cuya orilla septentrional estaba sentado un enano nombrado Butzu Uri: este las recibía y en multitud las colocaba en una canoa para remitirlas a la banda del Sur, a una vieja de apellido Vatecom hoatzíqui, quien las tomaba una especie de residencia; a las que encontraba pintadas las arrojaba al lago, y se tragaba las blancas, que iban a gozar al vientre de cierta bienaventuranza. Por esto los hombres pequeños y contrahechos gozaban en aquella tribu de todo respeto y admiración, admitiéndoles los ópatas en sus casas y proporcionándoles los mejores mantenimientos. Recuerda esta creencia la fábula de la laguna Estigia.

    Tienen muchos agüeros: si un viento fuerte se levanta, piensan que vienen los apaches; se figura el mordido de víbora que debía morir de rayo, y para no ser picado otra vez, arroja todo lo que lleva, y al cabo de año se echa una olla de agua de la cabeza a los pies; llamaban a las nubes para obtener lluvia por medio de un baile durante la noche, ejecutado por niñas vestidas de blanco o en camisa; tomaban un género de langosta llamada hupitni, agarrada por la cabeza, y le interrogaban por dónde venían los enemigos, y admitían por respuesta que el animal alzara alguna pata, teniendo por seguro que los apaches vendrían en la dirección señalada; durante la tempestad, cuando más retumba el trueno, ellos se ponían regocijados saltando de placer; herido de rayo un indio, vivo ni muerto volvía a su casa; si vivo, en el lugar de la catástrofe le dejan y allí le llevan sus alimentos; si muerto, abandonan tres días al cadáver para que resucite, pues el alma, que anda espantada con el trueno, podrá volverse a introducir en el cuerpo, enterrándolo después de cumplido el término; ponen a la puerta de sus casas un carrizo u otate parados para impedir siga cayendo granizo; a las orillas de los caminos había grandes montones de piedras, encima de las cuales los caminantes arrojaban palos, ramas y otras cosas para dejar con ellas el cansancio; tal vez esos montones cubren el cadáver de alguno muerto de frío, y para calentarle le arrojan encima aquellos objetos.

    No usaban tanto el embriagarse como otras naciones: formaban sus bebidas del maíz, del mezcal, de la tuna y del saúco, cuyo efecto duraba por varios días. Les eran sí comunes las reuniones nocturnas de las demás tribus, -340- en que los hombres pasan la noche, bebiendo, bailando, y escuchando las prolongadas declamaciones de sus capitanes, en que a grandes gritos se dicen denuestos contra los enemigos, y se loa el valor de los guerreros allí reunidos.

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    Los matrimonios se practicaban de una manera singular. Puestos en dos hileras los y las jóvenes que se iban a desposar, en presencia de toda la tribu, a una señal echaban a huir las mujeres; a cierto tiempo después, a otra señal, partían también a la carrera los hombres, empezando una persecución, que terminaba cuando cada uno había tomado a una joven, agarrándola por la tetilla izquierda; esta era su novia, y bastaba este acto para que ambos quedaran casados. Seguía el baile, en que los desposados tomaban parte en el traje de la primera edad; en determinada sazón, ponían cada par de casados entre dos petates, uno de cama y otro de cubierta, prosiguiendo en el baile los convidados.

    Recién nacidos los niños, con una espina les pican alrededor de los párpados, y con tizne les dejan impresos dos arcos de puntos negros, repitiendo la operación por la cara y el cuerpo, conforme van entrando en edad: los pimas tienen estas pintas como medio para realzar su hermosura. Cada niño o niña tiene su péri, es decir, un hombre o mujer respectivamente, de sus parientes o de los extraños que, para ello se ofrecen; dicen al infante cuáles son sus obligaciones, tentándole el cuerpo y tirándoles de los brazos y de las piernas, después de lo cual la persona escogida recibe el nombre de péri y queda identificada con el niño.

    Enterraban a los muertos poniéndoles en la sepultura todos sus vestidos, armas, una porción de pinole y una olla llena de agua. Las madres, por algunos días continuos, recogían en una jícara leche de sus pechos, para irla a verter sobre el sepulcro de su hijo.

    Entre los ópatas principalmente, para que un mozo fuera promovido al grado de guerrero, era menester que hubiera hecho su noviciado saliendo algunas veces contra el enemigo; habiéndose portado con valor, el capitán del pueblo procedía a darle el grado. Reunidos los guerreros, se escogía un padrino, quien ponía las manos sobre los hombros del candidato; en esta forma, el capitán le hacía una plática acerca de sus deberes, y sacando del carcaj una garra seca de águila, le arañaba, hasta hacer brotar la sangre, desde el hombro hasta la muñeca, no siguiendo la línea recta sino ondulada; después sobre el pecho, y luego en los muslos y en las piernas: la prueba debía ser sufrida con valor, sin dar muestra de debilidad.

    Incorporado entre los guerreros, no acababan aquí sus trabajos; mientras era el menos antiguo le tocaba velar de continuo, no se acercaba a la lumbre por más fría que fuera la noche, y si se dormía o pretendía calentarse, le arrojaban agua encima, le denostaban y hacían que sufriera la intemperie sin murmurar. -341- Para salir a campaña, se preparaban la noche anterior con una junta en que el capitán recordaba a todos su deber y sus proezas, diciendo ellos que así se preparan para las trasnochadas; astutos y cautelosos como todos los salvajes, su principal intento es dar un albazo, y conseguido, en vez de perseguir al enemigo hasta exterminarlo, se contentan con el despojo que toman, y cortando la cabellera a los muertos la bailan sobre el mismo campo de batalla.

    Si fueron derrotados vuelven a su pueblo de noche y sin ruido; si retornan vencedores, salen las mujeres precedidas de una vieja y de la mujer del capitán, saludan a los guerreros, y mientras estos colgando las armas a las puertas de sus casas quedan de espectadores, aquellas toman la cabellera, la pisan, la llenan de ceniza, le echan agua caliente, y bailan al son de las canciones que tienen compuestas al intento: a los prisioneros de cualquier sexo o edad, las viejas les queman el cuerpo con tizones, principalmente los muslos, y les hacen bailar y les evitan el sueño hasta que caen rendidos. Los ópatas acostumbraban traer la mano de uno de sus enemigos, para revolver con ella el pinole con que se obsequia a los danzantes.

    Por lo que toca ya particularmente a los ópatas, diremos, que entre todas las de Sonora, es la nación más adelantada: se dedicaba a la agricultura y sabía tejer sus lienzos en un telar peculiar que aún todavía usan las indias, y en el cual, atendida su máquina, fabrican telas prodigiosas. En cuanto a lo demás, según la expresión del señor don Agustín Escudero, en su estado actual, «esta es otra de las tribus sometidas más numerosa y valiente que hay que considerar.

    Ella desde la conquista hasta hoy ha sido uno de los frenos más poderosos que han contenido las incursiones de los apaches en nuestras fronteras. Sus pueblos, que fueron muy ricos en tiempo de los jesuitas, están diseminados en la parte más principal y céntrica del Estado de Sonora, lo que concurre a hacer más temible una sublevación, que haría la desgracia de este Estado, el de Sinaloa y Chihuahua, pues concluirán con los habitantes, los pocos ganados y las propiedades de todo género que aún han quedado existentes todavía.

    Los ópatas son tan honrados como valientes; su educación, única cosa que han heredado de sus padres, es más bien guerrera que supersticiosa, como generalmente son los indios reducidos; sus juegos, bailes y cantos, conspiran al ejercicio de las fuerzas físicas y del ánimo, manteniendo entre si la emulación más viva sobre quién maneja mejor las armas. Los domingos se reúnen los varones a jugar el guachicori o el gomi.

    Para hacer el primero, se dividen en dos partidas, mandadas por un capitán nombrado allí mismo por los que han de pelear en la carrera, que emprenden llevando por delante de sí unos huesos mancornados, que llaman manea, en la que van interesadas las mujeres de los jugadores, de uno y otro bando, -342- y los mismos contendientes: es juego de agilidad en la carrera, sufrimiento y audacia. No es permitida en él otra arma que una varita muy delgada, que solo les sirve para tirar hacia adelante la mancuerna de huesos, y no pueden usar de ella para ofender o defenderse. Muchas veces una caída o empujón casual han causado la muerte de un contrario, aunque no haya dado motivo de queja o disgusto.

    El gomi es otro juego de carrera, que se hace con dos bolas de madera del tamaño de una naranja, con las que marchan o vuelan dos o más contendientes en número par, tirándolas hacia adelante con la punta del pie, y avanzan hasta la distancia de una o dos leguas.

    A más de estos ejercicios gimnásticos tienen el táguaro, baile de guerra, en que fingen un asalto de apaches que se roban los ganados y las mujeres, y salen los del pueblo a atacarlos y a quitarles el robo. En seguida pasa la plaza, en donde está de antemano preparado un alto palo con su muñeco al extremo, que es el táguaro; los viejos llegan sacudiendo unas sonajas que acompañan a sus cantos, mientras que los guerreros tiran jaras al táguaro, recibiendo las alabanzas o rechiflas, según el acierto o ineptitud de cada uno.

    Tienen también el dagüinemaca, que es otro baile emblemático, en que recuerdan la conquista y sus paces con los españoles. Y el jojo, que pa rece ser en memoria del paso de los aztecas por aquellas tierras, y la venida de Moctezuma, a quien esperan, como los judíos al Mesías. Este baile parece menos alusivo y demasiado supersticioso a los que no ven en él más que ideas de idolatría o magia; pero en el fondo es puramente histórico.

    Sobre todo llama la atención el dagüinemaca (dame y te daré), en que recuerdan el día en que hicieron las paces con los españoles, y cuya fiesta la celebran anualmente. En ella se acostumbra que hombres y mujeres bailan delante de aquel por quien sienten mayor inclinación o afecto, y le ofrecen algún obsequio, como un caballo, vaca, pollos, etc.; luego abrazan a la persona agraciada, obligándola a que dé una o dos vueltas al compás del canto, y con esto queda concluido un tratado de alianza y amistad entre ambas partes, que no lo relaja sino la muerte.

    Estos se llaman noraguas, es decir, amigos; pero tan sinceros y buenos, que el indio deja a sus hijos y su mujer por su noragua; y cuando sabe que trata de emprender una caminata peligrosa, o que puede prestarle algún servicio, se apresura a ofrecerlo con la mejor voluntad. Por lo regular no son pagados en tan buena moneda. Al año siguiente se ha de retribuir el presente y las vueltas de baile, ‘lo que perfecciona el tratado, que según la tradición se instituyó al tiempo de la conquista como prenda de la buena fe de ambas partes.’ En efecto, desde entonces esta nación valiente y guerrera ha sido consecuente y fiel.

    -343-
    En fin, los ópatas son amantes del trabajo, pero no emprenden tampoco emigraciones con sus familias como los yaquis para facilitarse ocupación. Es muy general entre ellos el uso de la lengua castellana, que la hablan sin ocultar el que la saben; pero a pesar de eso conservan la propia con una pureza que parece increíble. Sus terrenos son fértiles y producen con abundancia trigo, algodón, cañas de azúcar y moreras, con cuya hoja puede criarse el gusano de seda.

    El río Yaqui que riega estas posesiones, les ofrece en sus aguas y en sus arboledas inmensas ventajas, que solo podrían sacar si se hallasen más capaces de hacerlo que lo que están en la actualidad. Las montañas de la Sierra Madre, en los pueblos de Buena vista a Babispe, son otros tantos bancos de plata, aunque de baja ley.»

    Los pueblos ocupados por los ópatas son los siguientes, señalando el número que llevan junto, el año en que los misioneros comenzaron los bautismos en cada lugar.

    Nuestra Señora de la Asunción Arizpe: 1645.
    San Lorenzo Guepaca: 1639.
    Bacoaiz, Bacoatzi, Bacoachi: 1650.
    San José Chinapa: 1645.
    Nuestra Señora de los Remedios de Beramitzi, Banamitzi: 1639.
    San Ignacio de Soniquipa: 1646.
    Purísima de Babicora, Babiacora, Babicori: 1639.
    Guasavas: 1645.
    Oputo: 1645.
    Bacadeguatzi: 1645.
    Nacori: 1645.
    Mochopa.
    Bacerac: 1645.
    Babispe: 1645.
    San Juan Guachirita.
    Oposura: 1644.
    Cumpas: 1644.
    Cuquiaratzi: 1653.
    Cuchuta: 1653.
    Teuricatzi: 1653.
    Tepache: 1675.
    Terapa.
    Pivipa.
    Yecorí: 1673.
    Jamaica.
    Real de Nacosari.
    Guatzinera: 1645.
    Batepito.
    Santa Rosa de Coradeguatzi, Fronteras (presidio).

    Conforme a las Noticias Estadísticas del Estado de Sonora, por don Francisco Velasco, la nación ópata se subdivide en ópatas tegüis, avecindados en los pueblos de:

    Opodepe
    Terapa
    Cucurpe
    Alamos
    Batuco.

    -344-
    En ópatas tegüimas en:

    Sinoquipe
    Banamichi
    Huepaca
    Aconchi
    Babiacora
    Chinapa
    Bacuachi
    Cuquiarachi
    Cumpas.

    Opatas cogüinachis en:

    Toniche
    Matape
    Oputo
    Oposura
    Gluasavas
    Bacadeguachi
    Nacori (otro)
    Mochopa.

    Los del pueblo de Santa Cruz se dice que son de nación contla.

    Los batucas, en el pueblo de Batuco, corresponden también a los ópatas, así como los sahuaripas, los himeris y los guasabas.

    Los ópatas ocupan en el Estado de Sonora los actuales partidos de Sa huaripa, Oposura, Ures, Arizpe y parte del de Magdalena.

    Eudeve

    Eudeve, eudebe, hegue, equi, en algunas relaciones, y en su gramática llamada heve eudeva, dohema, es lengua dialecto del ópata, del cual se diferencia como «el portugués del castellano.» La hablan los eudeves, eudebes, hegues, hequis, heves, eudevas, batucos y finalmente los dohme, como ellos se dicen dándose un apellido nacional. En el plano van puestos juntos con los ópatas, y los pueblos que les corresponden son:

    Matape: 1629.
    Nacori: 1629.
    Los Álamos: 1629.
    Robesco, ranchería: 1673.
    Bacanora: 1627.
    Batuco: 1629.
    Tepuspe.
    Cucurpe: 1647.
    Saracatzi.
    Toape: 1647.
    Opodepe: 1649.

    -345-

    Jova

    Jova, jobal, ova, dialecto también del ópata; se extiende a Chihuahua y lo hablan los jovas, jobales, ovas y sahuaripuas. Le pertenecen los pueblos de:

    San José Teopari: 1676.
    Los Dolores.
    Sahuaripa, donde hay también ópatas: 1627.
    Pónida.
    Santo Tomás.
    Arivetzi: 1627.
    San Mateo Malzura: 1674.

    Pima

    Pima, cora, nevome, es tronco principal de la familia ópata-tarahumar-Pima. Los pimas, como les llaman los españoles, se nombran en su idioma otama en singular, y en plural ohotoma.

    «Es tan numerosa esta nación (dice un misionero jesuita) y escondida, que no falta quien diga y afirme se hallan muchos pimas en las cercanías de México, y más probable es que hay algunos entre los tepehuanes que viven en la Sierra, y aun hay rancherías de ellos entre las incontrastables barrancas y cerros que están entre la nación tarahumara y tepehuana, Sierra de Topia y Tubares, y en las nuevas misiones de Nabogame y Naborigame pertenecientes a la visita de los tepehuanes y tarahumares viejos, y están en la Sierra, cuarenta leguas de la misión de Santa Cruz.

    No carezco totalmente de datos para creer que los indios nayares son pimas, o al menos descendientes de ellos, y sí lo único que no hemos podido jamás poner en claro, es esa multitud de pimas que se aparece como por encanto desde Yepache en la Sierra Madre y por todas las misiones de Yecora, Onapa, Moris, Movas (o Navas), Tecoripa y Ures que administra la Compañía de Jesús en pueblos grandes, aunque mezclados con indios de nación eudebe y otros que viven en San Marcial, Nidope y Guaimas, conocido por Pimeria vieja.»

    El señor Escudero describe así sus costumbres:

    «Los aduares o establecimientos de estos indígenas están a la parte más oriental y al Norte del Estado de Sonora y gozan generalmente de un clima templado, aunque los de la Magdalena a Oquitoa son, con muy poca. diferencia, tan calurosos como Buenavista y Guaymas.

    Estos indios son los más atrasados en la civilización, y los que menos se han acostumbrado al trato con los blancos; sin embargo, los que viven en los pueblos, principalmente del río de San Ignacio, se hallan menos atrasados que los -346- otros, y con propensiones más marcadas a los goces de la sociedad, trato y comercio con las gentes civilizadas, entre las que viven pacíficamente.

    Se dividen en pimas altos y bajos, que son los conquistados y reducidos a pueblos desde el siglo XVI, de los que hay siete, cada cual gobernado por un anciano, y todos por el general de la nación, que en otro tiempo nombraban los indios, y era confirmado por el intendente, a quien se le presentaba para recibir un vestido de paño ordinario y un bastos con puño de hoja de lata, ignorándose todavía entre ellos cómo se hace actualmente.

    Son labradores y cazadores: enemigos mortales de los apaches y yumas, a quienes hacen una guerra perpetua. Esta nación es flemática y perezosa, pero honrada y virtuosa por naturaleza, de manera que son proverbiales entre los que hablan el idioma cora, la fiel puntualidad en sus compromisos, así de sus gobernantes como de los individuos en particular, y la más acreditada justificación en sus jueces y magistrados.

    Multitud de las personas que han estado en los pueblos del Gila y que han hecho el camino de Tubutama a Californias, pueden dar testimonio de la hospitalidad de los pimas y cómo son también escoltados por los pápagos de Caborca y Tubutama, para pasarlos con bagajes del otro lado del río. Jamás se ha oído decir de una violencia o robo, a pesar de ser muy frecuentes los pasajeros que transitan a los pueblos del Gila, adonde concurre una multitud de vecinos de los presidios del Tucson, Santa Cruz y río San Ignacio, a una especie de feria que tienen anualmente, en la que aquellos pacíficos indígenas cambian sus tejidos de algodón, llamados mantas pimas, que son unos cobertores blancos y hermosos; unas canastas llamadas coros o coritas, y los indios yumas o apaches que han hecho prisioneros.

    Estos se bautizan, adoptan y educan por los compadres, y forman una gran parte de la servidumbre doméstica en las Sonoras.

    Los pimas y los ópatas han contenido, siempre a los apaches: son guerreros y valientes en la campaña, sufridos y constantes en las penalidades y privaciones de esta guerra extraordinaria en todo, y que se hace por terrenos despoblados y asolados por el mismo enemigo.

    En su trato familiar son dulces, aunque la mujeres pápagas trabajan en triple proporción que el marido: sin embargo de lo cual son tan buenos esposos como los ópatas; buenos padres e inmejorables amigos; siendo muy de notar, que aunque por pundonor jamás olvidan los agravios, no por esto son vengativos, cuya cualidad es análoga a la elevación natural de sus almas.

    El soldado pima lleva consigo su mochila o maleta, su fusil o lanza, y víveres de boca y guerra para quince días: camina veinte y cinco o treinta leguas diarias, y jamás se queja de la fatiga, ni de la mala calidad de los alimentos, aunque estos se reduzcan ordinariamente a cecina y pinole.»

    -347-
    Los pimas altos ocupan los partidos de la Magdalena y del Altar; lindan al Norte con el Gila; al Este con los apaches y con los ópatas, sirviendo de límite el río de San Pedro o de Sobaipuris; al Oeste el mar de Cortés, y al Sur el terreno que ocuparon los séris.

    No todo este terreno está poblado; los indios reducidos a pueblos se encuentran en la parte del Oeste, el demás terreno, sobre todo, las marismas donde vaguean tribus errantes, está casi yermo. Todas las tribus de esa superficie hablan el mismo idioma, con pocas variaciones; idioma que es idéntico al que usan muchos de los bárbaros al otro lado del Gila. Aunque todos de origen pima, solo los reducidos conservan este nombre; las demás parcialidades reciben distintas denominaciones, de común nacidas de una clasificación arbitraria.

    Los pueblos de los pimas altos son:

    San Pablo del Pescadero
    Pitiquin
    Rosario de Nacameri: 1638
    Santos Ángeles
    Hecatazi
    Taraichi
    Santa Ana
    Tubutama
    Santa Teresa
    Atic
    Oquitoa
    Caborca
    Bussani
    Bisani
    San Ignacio
    Imuris
    Santa María Magdalena Soanca
    Arivac
    Nuestra Señora de los Dolores del Saric
    Altar
    Los Dolores
    Los Remedios
    Cocospera, Coespan
    Terrenate
    Sonoita
    San Javier del Bac
    Tucson
    Tubac
    Tumacacori
    Calabazas
    Guevaví-Gussudac
    Bonostac
    Occuca
    San Lorenzo.

    Indicamos arriba que algunas tribus, aunque pimas, llevan diferentes nombres. Para clasificarlas con claridad las distribuiremos en tres grupos; las que habitan en el interior, las que se encuentran en las márgenes del Gila (río del Tizón), y las de las orillas del Colorado (río del Coral, río Grande, el buqui aquimuti de los pimas). Estas dos últimas divisiones ya no quedan en terrenos de México desde los tratados de Guadalupe y de la Mesilla; los ponemos para no dejar tan incompleto lo que a los pimas corresponde.

    -348-
    1.º Los sobaipuris asientan sus aduares sobre el río de San Pedro y en el hermoso llano a que ellos dieron su nombre, y quedan al Este de los pimas reducidos.

    Los sobas ocuparon a Caborca, encontrándose también en los alrededores.

    Los pápagos, papahotas, papalotes, viven al Oeste del Estado; tribu numerosa, no ha sido del todo reducida, resistiendo al influjo de la civilización. Las rancherías que se les han conocido como más estables, son: Zoñi, Cubic, Quitovac, Sonoita, Tachilta, Raíz del Mezquite, Tecolote, Santa Rosa, Ati y Caborqueños.

    Lo potlapiguas se mencionan como nación gentil cerca de Babispe y de Bacerac, colocada en la frontera.

    Llaman piatos a los pimas de Caborca, Tubutama y aquella region.

    2.º Comenzando de Este a Oeste, siguiendo el curso del Gila, hallamos también sobaipuris desde el río Sobaipuris hasta cerca de las Casas grandes.

    En estas antiguas ruinas y por diez leguas más abajo, los gileños o xileños se extienden por las amenas vegas del río: la principal ranchería de esta parte del río es Tussoninio, y de la otra Sudacson, o la Encarnación.

    Diez leguas más allá de donde los ríos Verde y Salado se incorporan en el Gila, comienzan los aduares de los ópas y de los cocomaricopas, a entrambas orillas del río, en distancia de unas treinta y seis leguas. Sus rancherías principales, Stucabitic, Ojiataibues, Uparch, Tuquisan, Sudacsassaba, y la última Tumac. Hablan un dialecto del pima, más suave y más fácil que este, pues tiene la vocal e, que falta a los pimas, y en cuyo lugar ponen la u.

    Sigue un gran espacio despoblado hasta dar con las tierras de los hudcoadames, últimos pueblos de este río.

    3.º En las márgenes del Colorado entre la unión de este y del Gila y por doce leguas a la orilla de aquel se encuentran los yumas.

    En el recodo del río tiene asiento la nación cuhana, en unas ocho leguas. De aquí hasta el desemboque del Colorado en el mar Rubro, como le llaman los misioneros al golfo de Californias, vaguean por último los quíquimas.

    Añadiremos que en la relación del viaje que el Muy reverendo padre fray Francisco Garces emprendió al río Colorado en 1775-6, se encuentran las siguientes noticias acerca de las naciones que allí habitan y de los idiomas que hablan.

    En el Río Gila
    Pápaga A
    Pima A
    Cocomaricopa B
    -349-
    Río Colorado
    Cucapa C
    Jallicuamay C
    Cajuenche C
    Yuma B
    Jalchedum B
    Jamajabs B

    Naciones que vi y tuve noticia desde los jamajabs para arriba, a una parte y otra del río Colorado.

    Norte
    Chemegue cajuala D
    Chemegue sebita D
    Chemeguaba E
    Chemegue E
    Payuchas E
    Yutas E

    Noroeste
    Jaguyapay E
    Yavipaicajuala E
    Yavipai Cuercomache E
    Yavipai jabesua E
    Yavipai muca oraive F. G.

    Tuve noticia que al Norte de las naciones arriba dichas, se hallan las siguientes: guamoa, guanavepe, guallibas, aguachacha, japiel, baquioba y gualta.

    En el día de hoy (prosigue diciendo), todas las del río Gila y Colorado están en paz, y todas sus colaterales, menos los yavipaistejua, enemigos de los pimas y de los cocomaricopas.

    No aseguro la perseverancia, y por esto diré las amistades y enemistades antiguas que pueden prevalecer: primeramente los cucapa han sido siempre amigos de los cuñai, y enemigos de los pápagos, de los jallicuamais y cajuenches: los jallicuamais, amigos de los cajuenches, de los quemeyá y de los jalchedunes, y enemigos de los yumas y pápagos: los yumas, siempre amigos de los jamajabs, yavipaistejua y de los pápagos de Sonoitac, y enemigos de los jalchedunes, de los cocomaricopas, pimas, gileños de los del desemboque, y de los -350- jecuiches de la sierra: los jalchedunes, amigos siempre de los cocomaricopas, pimas, gileños, de los pápagos del Norte, de los yavipais hasta Oraive inclusive (menos la Tecua), de los jecuiches y genigueches, y de todas las naciones de los yumas para abajo, y han sido enemigos de los jamajabs, yavipaistejua, chemeguet y de los yumas: los jamajabs han sido amigos de los yumas, de los yavipaistejua, y a la otra banda del río, de los chemeguets y de todas las naciones de San Gabriel y San Luis; sus enemigos han sido los yavipais, menos los tejua, los jalchedunes, los genigueches y jecuiches; el pueblo de Oraive tiene amistad con todos los yavipais desde el Gila y Colorado, menos los tejua, con los yutas, con los demás pueblos del Moqui, con las misiones del Nuevo México y con todos los yavipais del Sur, que son los que infestan estas provincias; sus enemigos son los yavipaistejua, los yutas del Colorado, chemeguabas, los yumas, los jamajabs, los pimas gileños y cocomaricopas; los yavipais, del camino del Moqui, son amigos de Oraive, jalchedunes, chemeguabas, cocomaricopas, pimas, yutas, baquiobas, yavipais, lipanes, y yavipais, natafé; son enemigos de los yavipaistejua, jamajabs, yumas, y con fundamento digo, que también del Nuevo México; los yavipaistejua son amigos de los yumas, jamajabs, chemeguabas, yavipais, navajai, y yavipais, gileños, y enemigos de los jalchedunes, pimas, gileños, cocomaricopas, y de los yavipais del Norte y de Oraive; los chemeguabas son amigos de los yutas, de todos los yavipais, y de todas las naciones del Poniente, y enemigos de los comanches del Moqui y de los jalchedunes; los del río Gila todos son amigos entre sí y con los jalchedunes, y enemigos de los tejua y apaches.»

    Hasta aquí el padre Garcés. A primera vista parece que no están conformes la relación que acabamos de copiar y lo que antes habíamos dicho, supuesto que en aquella encontramos, que las naciones que habitan el Colorado, comenzando por su desemboque, son los cucapá, jallicuamay, cajuenche, jalchedun y jamajab, mientras nosotros habíamos puesto los quiquimas, cuhanas y yumas; la contradicción desaparece considerando, que los cuhanas y los cucapá son un a misma tribu, y que las otras no son más de familias derivadas de los pueblos que hablan dialectos pimas. En nuestro concepto, todas las gentes que aparecen más allá y más acá del río Gila, sacan su filiación, unas de los pimas, los demás de los apaches, que son los yavipais.

    Agregaremos todavía otras denominaciones.

    Los cocomaricopas y jalchedunes llaman a los jamajabs, cuesninas o cuismer.

    Los pimas gileños les dicen a los yavipais, taros y nijores. A propósito de los nijores o nijoras diremos, que unas relaciones aseguran la existencia de -351- una nación de este nombre, al Norte del río Gila, negándolo otras; fúndanse estas en que nijor quiere decir cautivo; que los cocomaricopas roban los muchachos a sus enemigos y vienen a venderlos a los pimas, de lo cual resulta que el nijor que venden es un cautivo, y no un individuo de nación que así se nombre. Conforme a lo que hemos encontrado, satisface esta explicación.

    Los jamajabs se dicen cosninas, culimisnas, culisnurs.

    Los chirumas son los yumas.

    A los yutas llaman los cocomaricopas yum yum y jut joat.

    El padre Jacobo Sedelmair pone la nación quicamopa a lo largo del Colorado, desde su desemboque hasta su unión con el Gila.

    En la confluencia del Colorado y del Gila, hallo como naciones principales los yumas y quihuimas, y además los yuanes, cutganes, alchedomas y bagiopas.

    Los pimas bajos confinan al Norte y al Este con los ópatas; al Este con los tarahumares; al Sur con los pueblos del Yaqui y del Mayo; y al Oeste con los séris: en el Estado están derramados por los distritos de los Alamos, Guaymas y Hermosillo. Fueron los primeros que se redujeron a la vida social y al cristianismo, y como ya vimos se les conocía con el nombre de nebomes. Los pueblos que les pertenecen son:

    San Miguel de Ures (tiene ópatas)
    Soyopa (tiene eudebes)
    Tecoripa: 1619
    Suaqui: 1619
    Comuripa: 1619
    San Ignacio Onabas: 1622
    Tonitsi (tiene eudebes): 1628
    Nuri: 1622
    Santa Rosalía Onapa: 1677
    Movas, Navas: 1622
    Buena Vista
    San José de Pimas
    San Antonio de la Huerta
    Yécora
    Maicoba.

    Las familias que les corresponden son: los sibubapas, como les dicen a los indios del pueblo de Suaqui.

    Los nures, habitadores del pueblo de Nuri.

    Los hios, a ocho leguas al Este de Tepahue, y los huvagueres y los tehuisos sus vecinos: más al Este seguían los basiroas y los tehatas.

    Los sisibotaris, según el padre Ribas, tomaron nombre de un su buen cacique Sisibotari, amante de la doctrina y de los castellanos. «Los sisibotaris se halló ser la nación más dócil y más culta de todas las que hasta allí se habían descubierto. Habitan en unos valles de bello cielo y saludable temple, cercados de montes no muy altos.

    En el traje son muy diferentes -352- de los yaquis y mayos. Los hombres se cubren con una pequeña manta pintada de la cintura a la rodilla, y cuando hace frío usan unas mantas grandes de algodón y pita. Las mujeres van cargadas de vestidos, y al entrar en la iglesia hacen tanto ruido como si fueran españolas. Los faldellines que usan llegan hasta el suelo, de pieles bruñidas y blancas como una seda, con pinturas de colores o de algodón y pita, que tienen en abundancia. Se ponen además de eso un delantal de la cintura abajo, que en muchas suele ser negro, y parece escapulario de monjas.

    Las doncellas especialmente usan una especie de jubones o corpiños muy bien labrados; a todo esto añaden en el invierno unos como roquetes, y así todas son honestísimas. Son estos indios muy sobrios en el comer, y por eso gozan de muy buena salud. Sus casas son de barro y de terrado, a modo de las que se hacen de adobes, y mejores, porque aunque el barro es sin mezcla de paja, lo pisan y disponen de manera que queda como una piedra, y luego lo cubren con maderas fuertes y bien labradas.

    En las danzas que hacían en muestra de alegría, fue muy de notar que aunque danzaban juntos hombres y mujeres, ni se hablaban ni se tocaban inmediatamente las manos, sino asidos a los cabos de mantas o paños de algodón, y las mujeres con los ojos en el suelo con grande compostura y recato. Así afrentaban unos indios gentiles la poca circunspección de los cristianos muy antiguos.»

    Los aibinos tenían por primeros pueblos a Teopa y Matape, con las mismas costumbres de los sisibotaris.

    Los pimas bajos hablan la misma lengua que los altos. De la lengua pima dice Balbi333 «que se habla por los pimas, que son la nación más numerosa de la Pimeria, que se extiende desde el paralelo 31º hasta casi el 34º. Los pápagos o papabi-cotam, que moran hacia los paralelos 33º y 34º hablan un dialecto del pima.

    Esta lengua distingue por flexión el singular del plural de los nombres sustantivos; coloca las preposiciones después de sus regímenes y las conjunciones al fin de las preposiciones: la sintaxis es muy complicada y del todo distinta de la de las lenguas Europeas.»

    El mismo Balbi334 nombra como lenguas correspondientes a Sonora el cinaloa, el guaymas, el pima, el tarahumara, el ópata, el eudeve, el moba, el onava, el nure, el comoripa, el tecoripa, el aibina, el sisibotari, el batuta, el sonora, el yema, el casas grandes, el yavipai y el apache. No estamos conformes con estas, denominaciones.

    El cinaloa o sinaloa es el cahita; el guayma es dialecto del séri, y este no consta en la lista; existe el ópata, con su dialecto el -353- eudeve, así como el pima, el tarahumar en Chihuahua, el yuma dialecto del pima, y el apache que es el mismo yavipai; mas en cuanto a lo demás, nos parece que ninguno debe aparecer como lengua, no siendo otra cosa que nombres de pueblos o de parcialidades de tribus que nos son conocidas.

    Movas, Onavas, Nuri, Comuripa y Tecoripa son pueblos de la Pimeria baja, en los cuales se habla el pima; los aibinos y los sisibotaris son subtribus de los pimas altos; Batuco es pueblo donde se habla el eudeve; casas grandes si existe como nombre de tribu, debe de ser una fracción de los yumas; y finalmente sonora es sinónimo de ópata. Nos parece que el señor Balbi copió estos errores del padre Ribas.

    Nosotros hemos formado la clasificación siguiente, en cuanto a las lenguas y a las tribus que las hablan:

    Pimas, nevome, cora, de los pimas altos, pimas bajos, sobas, potlapiguas, piautos, sibubapas, nures, hios, huvagueres, tehuizos, basiroas, tehatas, sisibotaris, aibinos, movas, onavas, comuripas, tecoripas, nevomes o nebomes, y finalmente, los pimahaitu como ellos se dicen por apellido nacional, u ohotoma según su lengua.

    Pápago

    Dialecto del pima, hablado por los pápagos, papahotas, papabotas, papelotes, papavicotam.

    Sobaipuri

    Dialecto del pima, usado por los sobaipuris.

    Yuma

    Dialecto del pima, lo tienen los yumas o chirumas, gileños o xileños, opas, cocopas, cocomaricopas, hudcoadanes, jamajabs o cuesninas o cuismer o cosninas o culisnisnas o culisnurs y los quicamopas.

    Cajuenche

    Dialecto del pima, pertenecen a esta sección los cucapá o cuhanas, jallicuamai, cajuenches, quiquimas o quihuimas, yuanes, cutganes, alchedomas, bagiopas, cuñai y quemeyú.

    Séri

    Los séris, comprendidos entre el mar al Oeste; los pimas altos al Norte; al Este los ópatas, y los pimas bajos; al Sur los pueblos del río Yaqui, son la nación más pequeña de Sonora, mas también la más cruel, la más falaz, la -354- que menos ha querido reducirse a vida política.

    Apenas se han juntado en cortas poblaciones, como el Pópulo y Belén y al resto de la nación, a punto de perecer, y que está constantemente en una guerra cruel, a sido preciso perseguirla y exterminarla.

    Sus madrigueras las han tenido en el famoso cerro Prieto, doce leguas al Oeste de San José de los Pimas, en la cadena que se extiende hacia Guaymas, en el rincón de Marcos, en las sierras de Bocoatzi Grande, en la sierra de Picu cerca de la costa, y sobre todo en la isla del Tiburón, situada en el Golfo de Californias, a una legua de la playa. Por corta que la tribu haya sido, se conocían d

    att::::: tu padre

  3. sa, dice:

    haha gracias chicos me ayudaron bastante

  4. diana dice:

    cuantos kilometros son de ciudad obregon sonora a nuri ya q necesito saber porq ire a trabajar a esa comunidad

  5. r0zary0 dice:

    ah m salver0n d m tera garaziz beyy

  6. r0zary0 dice:

    m salvatr0b d m etra

  7. assul dice:

    me gusto no me encanto grasias
    me sirve para mi tarea

  8. kelly barrron salasar dice:

    ps yo o alle nada a

  9. randy orton dice:

    qe lokos

  10. polji dice:

    q loko morros q feo lo q disen

  11. yazmin bojorquez dice:

    yo soy nieta de una pima y me siento orgullosa de serlo., me toco conocer a mis visabuelos tambien, eyos radican en sahuaripa y yecora y mi abuela en hermosillo son..

  12. elmgkjgjrl dice:

    que lenguas??

  13. brenda ramos dice:

    no mamen esta bien largo nerdos hijos de miercoles

  14. bibiana dice:

    que pongan como se dice niño en sonora

  15. liza dice:

    i want to known if my dad trinidad trevino robles was from the pascua yaqui are mayo indian tribe he was from sonora

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