Estos sucesos se dedican a quienes en años posteriores se interesarán por el comienzo del Valle del Yaqui y por la lucha contra los indios Yaquis, en la participaron colonos alemanes. Se cuenta cómo el Gobierno Mexicano apoyó la inmigración y cómo los americanos se pusieron siempre a salvo cuando había amenaza de peligro.

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Los Yaquis y la defensa de su territorio

Después de que los indios habían saqueado los pueblos junto al Río Yaqui en el año de 1913, matado o desterrado a sus campesinos, de manera de que ya no existían ni ganado, ni víveres, se atrevían a avanzar hasta la gran planicie del Valle del Yaqui que en aquellos tiempos estaba escasamente poblado y cubierto de mezquite. Yo viví en el extremo oeste, así que tenia visibilidad por alrededor 500 metros. Solamente de 3 lados, el cuarto lado de mi rancho estaba solo a 100 metros de distancia del monte.

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Ya para entonces tenia yo bastante ganado y también alrededor de 50 toneladas de maíz lo cual sabían los indios y el hambre los movió atacar mi rancho.

También tenían un gran número de puercos que mataban para hacer jamón tocino manteca y salchicha de todo esto, tenia bastante almacenada y hubiera sido un buen motín para los indios si hubieran logrado en asaltarme.

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Estaba apenas desayunando cuando el guardia grito “hay mucha gente en el monte; inmediatamente tome mi rifle y mi cinturón con cartuchos en el cual estaban desgraciadamente con 50 tiros y corrí rápidamente al pajar y que me pareció una buena defensa.

Como supe después habían enfrente de mi alrededor de 200 indios algunos de 100 o 200 metros de distancia entre los arbustos yo necesitaría sangre fría y buena puntería mi pajar resulto ser una maravillosa protección yo sentía aún ser dueño de la situación aquí falta mencionar que los indios nunca comienzan una lucha antes de la salida del sol y por esto fui afortunado de que no me atacaran mientras estuve ocupado en la carnicería.

Ya había pasado más de una hora de tiroteo cuando noté a dos de mis paisanos que vivían a 3 kilómetros de mi rancho.

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Ellos habían oído los tiros y se habían acercado por un canal de riego hasta como a 5000 metros para atacar el flanco izquierdo de los naturales. En eso vi a dos indios que estaban a 20 metros de mi posición. Ya se estaban retirando al monte cuando apunte a uno de ellos.

Cayó inmediatamente con unos gritos tremendos que me sonaban, por semanas después, en los oídos. El otro indio logro esconderse.

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Los indios no habían contado con tal resistencia. Por un poco tiempo después de esto no se dejó ver ninguno. Aproveché la oportunidad, como poseía sólo unos pocos cartuchos, para caminar despacio y sin ruido hacia mis paisanos.

Cuando llegué, mi primera pregunta era: “¡muchachos, tienen munición?”. Si, los dos tenían sus cinturones llenos, lo cual prefería yo mil veces a monedas de oro de 20 dólares cada una.

Solo pensaba en atacar a los indios

Lleno de una loca alegría a lo que fuera les dije: “muchachos, este es el mejor día de mi vida”. Como tenía ahora dos buenos compañeros y suficientes cartuchos pensaba solamente en atacar a los indios de tal forma que no osaron venir otra vez.

Así sucedió. Nosotros tres estábamos en el pajar, los indios estaban a 300 metros, atrás de unos cactus.

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Nosotros abrimos un fuego rápido por unos 15 minutos, pero recibimos inmediatamente el contraataque, así que entraba las balas como granizo en nuestro pajar. Pronto salieron de los arbustos para poder tirar con más libertad.

Una bala atravesó el poste en el cual había yo recargado mi hombro, así que paso a solo unas yardas de mi cabeza. “¡cuidado!, grito Gustav”… Te están apuntando, el poste es un buen blanco”.

Con una alearía desbordante me dije: “a mi no me pueden dar”, pero, en el mismo momento me acordé de un sueño que tuve en la madrugada cuando despertaba y me decía: “al cuarto para las diez habrá un mayor peligro”.

Así pensé que seria conveniente buscarme una buena posición.

Un puerco con un tiro en la espalda

Pronto notamos que los Yaquis cedieron con su fuego observamos también como alistaban sus burros de carga y pusieron en algunos de ellos  sus muertos y heridos. Mas tarde supe que habían sido 16.

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En nuestro lado las pérdidas eran las siguientes: un puerco con un tiro a través de la espalda y dos vacas con balazos en el vientre. Seguimos observando la retirada de los indios por un rato y después nos fortalecimos con una suculencia comida triunfal.

Esta lucha tenia como consecuencia que me dejaran en paz por todo un año y que pasaran a incursiones a varios kilómetros de mi rancho.

A pesar de esto la inseguridad era tan grande que no se podía dar un solo paso fuera de la casa sin arma. Diariamente mandaba personas que me informaban sobre cualquier huella de indos en el monte.

Gracias a esta medida pude tener trabajadores y comencé a roturar el monte hasta un kilómetro lejos de la casa. Se quedaba solamente al lado sur hasta 500 metros. Pero ahí utilizaba como defensa los campos de arroz, que siempre estaban bajo el agua.

Si los indios hubieran atacado desde ese lado, deberían haber pasado por el pantano.

Columnas de humo

Los dos americanos de origen alemán se quedaron en mi rancho con la obligación de luchar hasta lo extremo, se fuera necesario.

Hasta junio de 1915 comenzó una nueva incursión de los indios movidos por el hambre, pero ahora con un continente mucho mas grande, con alrededor de 1,000 hombres.

Rodearon mi rancho para saquear en la vecindad a todos los vecinos en un círculo de  6 a 7 kilómetros alrededor del mío y para quemar todas las casas. (Anotación de Juan Lawrenz, quien llegó un año más tarde al Valle del Yaqui: H.F. Bruss olvidó aquí contar que todos los ranchos quemados por los Yaquis ya había sido abandonados. Los colonos habían ido oportunadamente al gran campo “Ontagota” que se encontraba en el centro del valle del Yaqui y que fuera defendido por el ejército).

Se veía una columna de humo tras la otra, en verdad no eran días bonitos para mí. Todos nosotros tuvimos el rifle en la mano para responder a cualquier ataque. En el norte, este y oeste había campo abierto, por esto se planeaba el ataque desde del sur.

Los indios no contaban con la pasada por el agua y el pantano, ya que allí se encontraban los campos de arroz. Ya habían cortado el cerco de alambre en algunos lados para poder avanzar.

Pero esta vez nosotros estábamos mejor armados, con suficientes munición y 10 rifles americanos Springfield que tenía un alcance de 1,000 metros.

Con los dos paisanos y algunos trabajadores no me era posible cultivar toda la tierra. Después de pensarlo mucho tuve la idea de traerme algunos jóvenes marineros de los veleros que se habían quedado anclados en Guaymas y en Santa Rosalía, Baja California, por el estallido de la primera guerra mundial.

Este plan fue también apoyado por la compañía americana constructora Richardson, S.A, que habían recibido del gobierno Mexicano la concesión sobre tierra e irrigación. Con el último tren me fui a Guaymas antes de que los yaquis interrumpieran el tráfico y quitaran los rieles.

Los Marineros de Capitán L. Beckmann

Temprano en la mañana siguiente busqué al capitán L. Beckmann, quien mandaba el velero Lasbek, y le hable de mis intenciones. ¡Me dijo!, “si la gente quiere ir voluntariamente, no tengo nada en contra, entonces se pueden quedar con usted hasta el fin de la guerra.”

Naturalmente no necesitaba hablar mucho, porque los jóvenes marinos ya estaban cansados por la larga espera.

Me llevé a ocho gentes de la tripulación, tenían entre 17 y 25 años y estaban llenos de entusiasmo por luchar contra los indios.

¿Pero como iba a llevar a la gentes al valle del Yaqui que estaba a 120 kilómetros de distancia ahora que la línea del ferrocarril, estaba interrumpida por los Yaquis?.

En el puerto de Guaymas había entonces algunos barcos de guerra americanos bajo el mando del Almirante Howard.

Le pedí su consejo de cómo podía yo transportar a la gente.

El admirante era muy gentil pero opinaba que no nos podía llevar a los marineros y a mi en su barco hacia el sur, porque queria evitar dificultades internacionales.

(Anotaciones de Juan Lawrenz: Los Estados Unidos entraron ala guerra 22 meses después).

Entonces me dirigí al Cónsul americano Mr. Philips y a la compañía Constructora Richardson, quienes prometieron mandarme en unos días más un pequeño barco al puerto del Tobari en la costa del Valle del Yaqui.

Yo me fui en el barco de guerra Colorado a  aquél puerto para hacer los preparativos para mis marineros.

Huellas Frescas

Cuando dejé el barco, me llené de dos botellas con agua pues tenia que caminar alrededor de treinta kilómetros por el monte para llegar a mi rancho.

Apenas había caminado diez kilómetros cuando descubrí huellas frescas, que se veían muy bien gracias ala lluvia que había caído la noche anterior.

Inmediatamente fui conciente del peligro en que me encontraba, me escondí entre los arbustos hasta el anochecer.

En la noche seguía caminando, tomando la estrella polar como punto de referencia, llegue al canal de irrigación que estaba mas al sur y con esto estaba bien orientado.

Caminaba yo dos kilómetros por la calle junto al canal cuando de repente oí un ruido no lejos de mí y para mi asombro me di cuanta que era un campo de indios.

Otra vez me fui al monte pero tan rápido como pude caminar llegue a media noche a unos kilómetros de mi rancho.

Sabia muy bien que mis gentes tenían guardias afuera, así tenía que avisar.

Reconocieron mi voz, todo el rancho despertó para saber las últimas noticias.

Todos se alegraron cuando oyeron que en los próximos días iban a venir 8 jóvenes marineros quienes serian de gran ayuda en cualquier lucha contra los Yaquis.

Y de veras, unos días después llegaron y nos causaron una impresión alegre con sus trajes y gorros marineros.

Desde este día en adelante ya no tuve dificultad para conseguir trabajadores mexicanos y obtuve con la ayuda de los marineros una buena cosecha de arroz en el otoño.

Génesis de la colonia alemana en el Valle del Yaqui

Este año de 1915 se puede tomar con razón como el comienzo de las colonias alemanas.

Pronto se supo esto en los barcos que estaban en Santa Rosalía así que llegaron de allí aún más marineros.

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El gobierno de entonces Recibía a los alemanes cordialmente porque sabía que solamente por la colonización podía dominar a los indios.

El peligro existía aun dos años después, pero finalmente los Yaquis retrocedieron de donde se habían establecido estos jóvenes alemanes.

Yo empecé ahora a poner un pequeño molino de arroz, para descascarar y pulir, todo lo que fue cosechado en los alrededores.

El arroz listo para el mercado fue embarcado desde mi lugar.

Se sembraba en el verano y se cosechaba en el otoño.

En esta misma estación, mientras se cosechaba el arroz se empezaba con la siembra del trigo que fue cosechado en mayo y junio con buenos rendimientos.

Además plantábamos fríjol, teníamos ganado, vacas lecheras y puercos, huertas con verduras, por esto casi no teníamos que comprar otros víveres.

Un viejo alemán quien vivía en la capital nos mandaba cajas con la mejor miel, así que teníamos leche, miel, carne fresca, papas y verduras en abundancia en nuestra mesa, nuestro cocinero era casi siempre un chino.

Cantos Alemanes en el Valle Nuevo

Después de la cena se oían frecuentemente canciones alemanas acompañadas por instrumentos primitivos.

En el verano de 1916 se preparaba mucha tierra para el cultivo del arroz y muchos de los jóvenes marineros participaron.

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Los indios ya no se acercaban, solo pasaban por el monte para alejar nuestro ganado, así que teníamos que montar a explorar a los alrededores, pero gracias a nuestra permanencia la situación general estaba asegurada, a manera que algunos de los viejos colonos americanos volvían además de algunos campesinos mexicanos.

Todos los colonos llevaban arroz a mi molino a prepararlo para el consumo en el mercado.

En el invierno 1916-1917 aumento la tirantez en las relaciones entre Alemania y Estados Unidos. Muchos alemanes y personas de origen alemán quienes no querían luchar contra su madre patria vinieron a México y encontraron en mi casa hospitalidad y su primer punto de referencia para ganarse después su vida en el país.

Entre aquellas gentes había también un francés y un ingles a quienes recibí bien. Solo el ingles quien temía por ser comido por los alemanes, no se quedo mucho tiempo conmigo.

Era un cobarde que no quería luchar contra los soldados alemanes, En Diciembre de 1916 volvieron los indios a saquear el valle. Soldados mexicanos se enfrentaron con ellos a solo cinco kilómetros de mi lugar; hubo pérdidas graves en los dos lados, pero desgraciadamente salieron los Yaquis ganando.

Los soldados que eran minoría, tenían que ceder; los ranchos fueron saqueados y las casas quemadas.

Naturalmente todos nosotros en mi rancho ya estábamos preparados para un ataque, pero esta vez solo había huellas a 3 y 4 kilómetros de distancia.

Lista Negra

En el año de 1917 venían más y más personas de los Estados Unidos, entre ellos por desgracia algunos espías.

Mi nombre fue puesto en la lista negra, lo cual me causó bastantes dificultades.

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Tuve problemas al conseguir mis maquinas que se importaban de los Estados Unidos.

Cuando encontré una vez al Cónsul Americano en Guaymas, critico por el hecho de que daba empleo a alemanes.

Yo le pregunté si ellos no tenían derechos a ganarse la vida con el trabajo honesto. El me respondió: “No, nosotros queremos destruir los negocios alemanes”.

Tuvimos una gran discusión pero yo no perdí mi calma y cuando me despedí, le dije a Mr. Mac Phearson, dandole la mano, “llegará el tiempo Mr. Mac Phearson, cuando usted me visitará otra vez de negocio”.

“How are you Mr. Bruss, What can I sell you today?”

Bien, nunca olvidare el momento en que esto sucedió y lo que más tarde pasó en mi rancho.

El año de 1917 transcurrió en calma en lo que se refiere a los indios, pero los americanos se mostraron más y más reservados con nosotros los alemanes.

Nuevos Ataques Yaquis

En diciembre trataron los Yaquis de atacar Estación Esperanza, nuestra estación de ferrocarril más cercana pues entonces no existía ciudad Obregón, el viejo Cajeme, donde paran los trenes hoy.

Los indios fueron derrotados, otra vez hubo pérdidas, pero esta vez, mas fuertes en el lado de los indios; también algunos soldados, entre ellos el comándate coronel Félix y Civiles murieron.

Los indios Yaquis pasaron la noche después de esa lucha juntos a los rieles del ferrocarril entre Esperanza y Cajeme.

Ala mañana siguiente les cayeron a las manos seis extranjeros: 5 yugoeslavos Richardson  para firmar un contrato de arrendamiento.

Dos días después encontramos los cuerpos de estos 6 pobres, de un aspecto espantoso con los fémures rotos para que no pudieran correr y sus cabezas golpeadas con piedras.

Un mes más tarde el 3 de enero de 1918 atacaron  los Yaquis en tren entre Esperanza y Guaymas. Mataron  a casi todos los pasajeros, inclusive a los soldados que los acompañaban.

Solo las personas que fingían estar muertas se salvaron y fueron muy pocas.

Un Alemán Me Recibió en su Casa

Como ya había dicho, los colonos americanos se alejaron más y más de nosotros.

Un amigo americano me contó que fue interrogado en San Francisco, California, por un agente secreto, respecto si tenía amistad con alemanes. Si dijo él ¿porqué no la debitaría tener?

Yo estuve en México cuando comenzó la guerra, me enfermé y cuando pedí ayuda a mis paisanos, solo un alemán me recibió en su casa, me atendió hasta que me curé, y este alemán vive aún hoy en México y se llama Bruss”.

Este mismo americano volvió después a México y se hizo hombre de fortuna.

En el año de 1918, construí en mi rancho un molino de trigo de 5 toneladas, el primero de este tipo en nuestros alrededores.

Se produjo harina de primera clase y también a los colonos que Vivian en las cercanías se les dio la oportunidad de moler su trigo.

Yo pensaba que esto era un gran avance para el Valle del Yaqui y para México, pero más tarde me arrepentí.

Después del armisticio en Europa vinieron otra vez los agentes americanos de negocios.

Me visitaron no por razones de amistad sino para hacer negocio conmigo.

El primer tractor con gasolina que llegó al valle fue comprado por mí, así mismo el primer Internacional Harvester Combine, en todo México, un nuevo progreso según mi modo de pensar.

Luego en el año de 1920, compré un molino de arroz más grande de la casa Schule de Hamburgo, un nuevo progreso para el valle del Yaqui, desgraciadamente todo sucedió de una manera diferente como veremos después.

1920-1921, Nuevos Colonos Alemanes

En 1920-1921 a instancias del entonces Gobernador del Estado de Sonora y más tarde Presidente provisional de la republica, señor Adolfo de la Huerta, como también del señor general Plutarco Elías Calles, mande por más inmigrantes de Alemania.

Los primeros llegaron en otoño de 1920, otros seguirían en la primavera del 1921.

Los americanos no lo veían con buenos ojos.

Ya se habían casado mientras varios de los ex marineros alemanes con las muchas mexicanas, muchos ya no quisieron volver al mar ni regresar a Alemania en los años tristes de la post guerra para la vieja patria.

Carretera Costera

Un amigo Mexicano me recomentdó a una maestra que vino de Guadalajara e impartió muy buenas clases por varios años y pudo interesar a los niños de asistir a sus cursos-Lolita luna-.

Pronto noté la envidia o lo que fuera. Del lado americano oí frecuentemente: “¿Para que quiere instruir a los mexicanos?, después ya no querrán trabajar para nosotros”?.

Yo siempre había tenido la intención, como no poseía herederos propios, de convertir mis molinos en sociedades cooperativas, lo cual sucedió, pero pronto se habían metido “coyotes” en los puestos claves que solo trabajaban para su propio provecho, así que a pesar de que se habían aun agrandado el molino de trigo, se trabajaba con cifras rojas, hasta que finalmente llegó a manos del gobierno.

Entretanto también la compañía americana Constructora Richardson había sido tomada por el gobierno.

El gobierno nombró como gerente de los molinos al ingeniero Beltran y Puga, hombre muy capaz quien agrando los molinos más, aún, pero los americanos quienes habían construido varios molinos en la Ciudad de Obregón, se vieron perjudicados en sus intereses y comenzaron sus maniobras políticas para sacar al buen gerente.

El entonces Gobernador del Estado de Sonora, don Rodolfo Elías Calles, quien fue por los demás el mejor primer funcionario que ha tenido Sonora hasta hoy, desgraciadamente se dejo influir por sus amigos americanos al sacar al Ingeniero Beltrán y Puga de los molinos y así se destruyeron los planos hechos para construir en primer lugar una buena carretera hacia la costa para mandar los productos por barco y así conseguir tarifas de transporte más baratas.

La Construcción del Hospital General

Cuando en 1934 el municipio tomó la iniciativa de construir un Hospital, Fueron los alemanes y los mexicanos de origen alemán quienes en poco tiempo juntaron la suma de $10,000.00.

Esta suma se entregó a un comité. Aquí quiero anotar que la colonia yugoeslava también contribuyo con varios miles de pesos. Pero después no se oyó nada de este asunto por mucho tiempo hasta que tres años más tarde hice publicar en el periódico local Heraldo del Yaqui un artículo con la pregunta de ¿Dónde se había quedado el dinero reunido?..Me informaron que se había depositado en un banco de aquí. Hasta hoy no he recibido ninguna información sobre lo que ha sido de aquél dinero.

Luego en el año de 1937, repartió el gobierno las tierras a nuestros trabajadores; los propietarios de tierras ya no podían poseer más de cien hectáreas. Los molinos fueron vendidos por el gobierno a un mexicano de origen ingles.

Después de un mes se quemó el molino de arroz; el nuevo dueño comenzó a derribar el molino de harina y los alemanes, allí solo existen ahora restos de muros.

Y nuestro duro trabajo para el progreso fue destruido en un santiamén por un mexicano ciento por ciento como él se llamaba.

A pesar de la protesta de algunos colonos y ejidatarios no se pudo hacer nada con este caso, valía más el dinero que la razón.

Los colonos alemanes que en gran parte habían adquirido la nacionalidad mexicana se quedaron con sus cien hectáreas de tierra, tenían bonitas casas bien amuebladas, huertas frutales, etc.

Sus hijos ya eran grandes y fueron hasta humillados por la política americana.

Primero, los no nacionalizados tenían que abandonar sus tierras, después también los nacionalizados a pesar que sus hijos mayores marchaban en la “defensa civil” y todo esto solo por presión americana.

Algo Semejante Nunca Había Sucedido.

|Gente que está en este país por treinta años, que lo ha hecho fértil, que han luchado contra los indios, que nunca ha hecho fértil, que han luchado contra los indios, que nunca han hechos en perjuicios del país, tienen que vivir ahora en el destierro, solo por el egoísmo americano. ¿en donde ha pasado esto alguna vez?.

Fuente:  Mexía Díaz. Alfonso. Cajeme Regreso a las Raíces. Centro de Estudios históricos del  Municipio de Cajeme “Miguel Mexía Alvarado”; A.C. Pág. 48- 59.

comentarios
  1. […] Extracto: Cultivando con el Rifle en el Hombro o el Genesis de la Colonia Alemana en el Valle del Yaqui […]

  2. Jorge cortes dice:

    Esta relación la escribió el señor herman bruss y fue traducida por Juan lawrenz al castellano , este último le facilitó dichas anotaciones al Sr cronista de Cajeme (Ciudad Obregón ) don Miguel Mexia quien las incluyo en su libro Cajeme de ayer Cd Obregón de hoy . Atte Jorge Cortes Lawrenz

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