La Yaqui Hermosa es un cuento por Amado Nervo (1870-1919). Nervo se conoce mejor como poeta, pero aquí tenemos uno de sus cuentos breves.

En este cuento breve, Nervo nos cuenta la historia de una yaqui joven, comprada como esclava. Como fue común en aquella época, unos cuantos esclavos fueron llevados a otra parte de México por los españoles para trabajar en una hacienda. El terrateniente, un criollo amable (para ser dueño de esclavos), intenta tratar bien a la yaqui hermosa, pero no puede superar el orgullo cultural de los yaquis.

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Primera Parte

Los indios yaquis—casta de las más viriles entre los aborígenes de México—habitan una comarca fértil y rica del estado de Sonora; hablan un raro idioma que se llama el «cahita»; son altos, muchas veces bellos, como estatuas de bronce, duros para el trabajo, buenos agricultores, cazadores máximos… y, sobre todo, combatientes indomables siempre.

Su historia desde los tiempos más remotos, puede condensarse en esta palabra: guerra.

Jamás han estado en paz con nadie. Acaso en el idioma cahita ni existe siquiera la palabra «paz».

Pelearon siempre con sus vecinos, así se llamaran éstos chichimecas, apaches, soldados españoles o soldados federales.

No se recuerda época alguna en que los yaquis no hayan peleado.

De ellos puede decirse lo que de Benvenuto Cellini se dijo: «que nacieron con la espuma en la boca», la espuma de la ira y del coraje.

La historia nos cuenta que Nuño de Guzmán fue el conquistador que penetró antes que nadie en Sinaloa y Sonora, y llevó sus armas hasta las riberas del Yaqui y del Mayo. El primer combate que los yaquis tuvieron con los españoles fue el 5 de octubre de 1535. Comandaba a los españoles Diego Guzmán, y fueron atacados por los indios, que en esta vez resultaron vencidos, pero tras un combate muy duro. Los españoles afirmaron después que nunca habían encontrado indios más bravos.

Con antelación, a manos de los yaquis habían perecido Diego Hurtado de Mendoza y sus compañeros, quienes desembarcaron osadamente en la costa de Sonora.

La lucha en serio con los indios empezó en 1599, siendo capitán y justicia mayor don Diego Martínez de Hurdaide. Desde entonces esta lucha ha continuado sin cesar.

Recientemente el Gobierno federal inició nueva acción contra las indomables tribus, y para dominar su tenacidad bravía, casi épica, hubo de recurrir a medidas radicales: descepar familias enteras de la tierra en que nacieron, y enviarlas al otro extremo de la república, a Yucatán y Campeche especialmente. Lo que el yaqui ama más es su terruño. La entereza de raza se vio, pues, sometida a durísima prueba.

En Campeche los desterrados fueron repartidos entre colonos criollos, que se los disputaban ávidamente, dada la falta de brazos de que se adolece en aquellas regiones para las faenas agrícolas.

Un rico terrateniente amigo mío, recibió más de cien indios de ambos sexos.

Separó de entre ellos cuatro niñas huérfanas y se las envió a su esposa, quien hubo de domesticar a fuerza de suavidad sus fierezas. Al principio las yaquitas se pasaban las horas acurrucadas en los rincones. Una quería tirarse a la calle desde el balcón. Negábanse a aprender el castellano, y sostenían interminables y misteriosos diálogos en su intraducibie idioma, o callaban horas enteras, inmóviles como las hoscas piedras de su tierra.

Ahora se dejarían matar las cuatro por su ama, a la que adoran con ese fiel y conmovedor culto del indígena por quien lo trata bien.

Entre los ciento y tantos yaquis, sólo una vieja hablaba bien el castellano. Era la intérprete.

Segunda parte

Cuando mi amigo los recibió, hízolos formar en su hacienda, y dirigióse a la intérprete en estos términos:

—Diles que aquí el que trabaje ganará lo que quiera. Diles también que no les tengo miedo. Que en otras haciendas les vedan las armas; pero yo les daré carabinas y fusiles a todos… porque no les tengo miedo. Que la caza que maten es para ellos. Que si no trabajan, nunca verán un solo peso. Que el Yaqui está muy le- jos, muy lejos, y no hay que pensar por ahora en volver… Que, por último, daré a cada uno la tierra que quiera: la que pueda recorrer du- rante un día.

—¿De veras me darás a mí toda la tierra que pise en un día?— preguntó adelantándose un indio alto, cenceño, nervioso, por medio de la intérprete.

—¡Toda la que pises!— le respondió mi amigo.

Y al día siguiente, en efecto, el indio madrugó, y cuando se apagaba el lucero, ya había recorrido tres kilómetros en línea recta, y en la noche ya había señalado con piedras varios kilómetros cuadrados.

—¡Todo esto es tuyo! -le dijo sencillamente el propietario, que posee tierras del tamaño de un pequeño reino europeo.

El indio se quedó estupefacto de delicia.

Diariamente iba mi amigo a ver a la indiada, y la intérprete le formulaba las quejas o las aspiraciones de los yaquis.

Un día, mi amigo se fijó en una india, grande, esbelta, que tenía la cara llena de barro.

—¿Por qué va esa mujer tan sucia?— preguntó a la intérprete.

Respondió la intérprete:

—Porque es bonita; dejó el novio en su tierra y no quiere que la vean los «extranjeros».

La india, entretanto, inmóvil, bajaba obstinadamente los ojos.

—¡A ver!— dijo mi amigo, —que le laven la cara a ésta. ¡Traigan agua!

Y la trajeron y la intérprete le lavó la cara.

Y, en efecto, era linda como una Salambó.

Su boca breve, colorada como la tuna; sus mejillas mate, de una carnación deliciosa; su nariz sensual, semiabierta; y, sobre todo aquello, sus ojos relumbrosos y tristes, que no acababan nunca, negros como dos noches lóbregas.

El colono la vio, y enternecido la dijo:

—Aquí todo el mundo te tratará bien, y si te portas como debes, volverás pronto a tu tierra y verás a tu novio.

La india, inmóvil, seguía tenazmente mirando al suelo, y enclavijaba sus manos sobre el seno; un seno duro y atejado que se adivinaba como de gutapercha a través de la ajustada camisa.

Mi amigo dio sus instrucciones para que la trataran mejor que a nadie.

Después partió para México.

Volvió a su hacienda de Campeche al cabo de mes y medio.

—¿Y la yaqui hermosa?— preguntó al administrador.

—¡Murió!— respondió éste.

Y luego, rectificando:

—Es decir, se dejó morir de hambre. No hubo manera de hacerla comer. Se pasaba los días encogida en un rincón, como un ídolo. No hablaba jamás. El médico vino. Dijo que tenía fiebre. Le recetó quinina. No hubo forma de dársela. Murió en la quincena pasada. La enterramos allí.

Y señalaba un sitio entre unas peñas, con una cruz en rededor de la cual crecían ya las amapolas.

Referencia: fhuhs.org

comentarios
  1. alba luz dice:

    HERMOSA HISTORIA

  2. g'Naro dice:

    Primero, Sonorense nacido en Cd. Obregón, orgulloso de ser Yaqui, aunque para realmente serlo me falta mucho color. Nunca habia oido este cuento y que tan afamado escritor -para mi el mejor de México- lo haya hécho. Sinceramente no me parece que tenga el seguiminto que debe tener un cuento y menos por haber sido escrito por alguien de la talla de Amado Nervo. Por otro lado suena más como una anégdota muy bonita y triste, que describe la naturaleza y templanza propia de la raza yaqui, aunque hoy en día ya está diesmada por la adaptación para la sobrevivencia y la modernidad. Estudié la secundaría en lo que fué un pueblo yaqui llamado Bacum, que significa “Donde da vuelta el agua”, y por lo tanto estoy orgulloso de tener varios amigos 100% de cepa yaqui.

  3. Orgullosamente con descendencia yaqui, mi abuela se llamaba Ramona Guitimea Ruíz, mi padre Manuel Villegas Ruíz, tiene 86 años y es alto moreno y muy fuerte. vivío con sus padres en Esperanza Sonora. ahún existe su casa por la Av. Hidalgo. Toda mi Familia por su parte Viven a los alrededores en Tezopaco, cocorit y obregón y a mi padre lo quieren mucho le dicen mi tio Nay.
    El me a contado muchas historias muy interesantes que le contaron tus tios y su mama y anegdotas de su vida. A uno de sus tios que ya fallecio Armando Guitimea le decian el diablo y vivia tambien en Esperanza, Son. y cuenta que le decian asi por lo malvado que era yo lo quise mucho a mi tio. Tambien mi tia Matilde que vivia ya fallecio en la esquina de la Av. Hidalgo enseguida vive mi tio Roberto que hace un chilorio muy bueno a eso se dedica. Mi tia Triny , el Cuco, la panchita mi tia Concha Hermosa que tambien la quiero y extraño mucho viven con toda su descendencia que no conozco en Esperanza Sonora.

  4. liz dice:

    Tengo una amiga companera de trabajo… que su abuelo o bisabuelo era Yaqui 100%… ella es de guanajuato… a mi me extrano que un Yaqui SOLO y sin familia estuviese alla en guanajuato donde formo su familia… se me viene a la mente que quizas a el le sucedio algo parecido… tan solo en pensar en mi tierra… me da una nostalgia que no puedo con ella… espero que la maldad que ARRASO, ACABO… despoblando pueblos, ranchos y contaminando mas las ciudades… NO LOGRE AGACHAR A TODA LA GENTE DE SONORA… porque seria envano… todos los sacrificios que nuestros grandes ejemplos como uno de ellos son los yaquis… que no dejaron QUE NADIE DOMINARA… MENOS PARA EL MAL… la gente de hoy se deje agachar… por tanto MALVIVIENTE que en otros estados tienen… ya saben aquienes me refiero… puestoq ue el gobierno… NO HACE NADA SI NO VE BENEFICIO PROPIO… LA FUERZA SOLO ESTA EN LA GENTE…

  5. Oscar F igueroa dice:

    Desgraciadamente se a visto que gente corrupta, gobiernos corruptos, los han enviciado, facilitandoles drogas, alcohol, y por estos medios, vencerlos y someterlos, aunque el bacanora todo el tiempo a existido, no es lo mismo hacerlo, que comprar el licor facilmente en cualquier parte aparte de las drogas.

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